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La tarta del poder en #España.

Desde 2015, año electoral por excelencia en España, la realidad política se ha visto superada por nuevos integrantes en el tablero de poder y por tanto, el ciudadano ya no sólo escoge entre dos formaciones de referencias: PP y PSOE. Las últimas elecciones de dicho año, aunque se convocaron casi para período vacacional, confirmaron la tendencia hacia una pluralidad política nunca vista en este país, tal vez solo durante la transición luego de la dictadura franquista.

El bloqueo hacia la presidencia que hoy se vive en España, donde llevamos unos meses con un gobierno en funciones, se corresponde con el hartazgo hacia la vieja política y la incredulidad ante quienes se erigen como el cambio necesario hacia la derecha o la izquierda: Ciudadanos y Podemos.

La mala gestión de la crisis económica durante su segunda legislatura continúa pasándole factura a un Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que no supo ser la oposición para el Partido Popular (PP) con mayoría absoluta durante los últimos años. Ambos salpicados por la corrupción de algunos de sus miembros, aún conservan el rojo y el azul en el poder político español, pero necesariamente avanzan hacia refundaciones o al menos un lavado de imagen de cara a la galería.

elecciones generales España 2015

Nuevos colores han reducido el nicho de poder concentrado del bipartidismo español, pero aún no es suficiente para despejar las dudas de los más incrédulos con respecto a los políticos. Ni el morado de Podemos, constantemente machacado en cualquier actuación y con sospechas de relaciones con Venezuela, Irán y otros regímenes de escasa popularidad por estos lares. Ni el naranja de Ciudadanos, asociado por otro lado con la derecha y el liberalismo más conservador de partidos europeos, convencen a los españoles de un cambio real en la política.

Los aires de renovación de la tarta del poder en España dividida entre cuatro, se quedan en simples suspiros cuando los políticos ponen por delante sus siglas e intereses y no las políticas para el bienestar de los ciudadanos. La sombra de la duda se apodera de quienes miran desde fuera este juego de tronos con toque ibérico, que no parece vislumbrar salida ni por la izquierda, ni por la derecha. Ni por ningún lado.

OJO: Esta tarde las fuerzas de izquierda: PSOE, Podemos y Izquierda Unida (IU) y Compromís, se reúnen para tratar de llegar a un acuerdo para hacer presidente al candidato del PSOE, Pedro Sánchez. Ojalá la cordura de Alberto Garzón sea suficiente para limar asperezas entre los egos de Pablo Iglesias y Sánchez.

Lo poco que sé del mundo y de mí (II ¿y final?)

La igualdad no puede ser utopía a la que acuden los movimientos sociales o de izquierdas en sus discursos, la igualdad debería ser la base de todas las políticas a nivel global: entre hombres y mujeres, entre ricos y pobres, entre negros y blancos, entre los europeos que integran esta Comunidad, que se sigue perfilando económica en detrimento de la igualdad de todos sus ciudadanos o el pueblo europeo, ¿por qué no? y entre aquellos que tocan a sus fronteras, huyendo de la guerra.

Ante la igualdad quienes nos gobiernan continúan preocupados más por cómo va la economía del país, que no las economías familiares; en vez de apoyar las oportunidades de igualdad, países como Hungría se empeñan en construir fronteras reales a quienes vienen huyendo de una guerra que lleva años para vergüenza de todos. No hay igualdad en hechos, solo se quedan en palabras como los Objetivos de Desarrollo del Milenio cuya fecha de vencimiento era este año 2015 y los países integrantes de la ONU han tenido que reescribir y aplazar sus metas, por estar perdidos en sus propios ombligos, en sus propios problemas, mientras todo un continente, África, no conoce aún del todo el significado de las palabras igualdad, derechos o crecimiento.

el #Pensador sin #cabeza #graffiti #Sevilla

Desde las Naciones Unidas, y mucho antes de su creación en los intentos regionales europeos, se ha visto la necesidad del hombre de tener un organismo internacional que vele por los intereses de todos y cada uno de los hombres, mujeres y niños del mundo. La educación, la salud, el nivel de vida y otros indicadores que han ido evolucionando desde lo netamente económico a medir algo tan relativo como la felicidad o el índice de desarrollo humano, constatan que la ONU cumple su objetivo en parte, al menos en lo que constatar los problemas y sus soluciones se refiere, recordemos que la pertenencia a este organismo no es obligatorio, ni sus resoluciones vinculantes del todo.

Un ejemplo claro es las votaciones que hace más de diez años se vienen haciendo a favor de que Estados Unidos elimine el bloqueo o embargo económico a Cuba, aun vigente aunque en los últimos años solo se opongan el propio gobierno estadounidense y otros dos naciones. Tal vez, con el nuevo escenario abierto entre ambos países el pasado 17 de diciembre de 2014 los habitantes de mi país, puedan salir adelante sin tener que cargar a sus espaldas los errores de la clase gobernante.

Como periodista no me quedo impasible ante tantas injusticias en el mundo, incluso a la utilización que hacen muchos medios de comunicación de la tragedia ajena como el caso de los refugiados sirios en las fronteras europeas, donde han pasado de constatar una cruda realidad a convertirse en un reality show que todos los días tiene una historia nueva y morbosa para vender. En particular con los refugiados sirios, no me dejo de cuestionar por qué tanto énfasis este pasado verano cuando todos los años en esta estación llegan al Mediterráneo migrantes de cualquier punto de África huyendo de guerras, hambre y el ínfimo nivel de vida de sus países. La situación en Siria es caótica, lo repito: tendrían que haber mediado hace tiempo para no llegar a este punto, pero no son solo los sirios, es todo un continente constantemente olvidado que no sabe para dónde tirar ante la indiferencia.

Todos los días me mantengo informado de cuánto sucede en el mundo, a través de la web, de la televisión, de cualquier medio para tratar de comprender algo qué sucede en el mundo. Mi lector de noticias electrónicos está lleno de artículos que a veces no me da tiempo de leer con el interés que precisan noticias como las que llegan de Siria, el nuevo acuerdo de paz entre Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a punto de ser firmado, por supuesto cómo va el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos por ser un tema que me toca de cerca y en particular porque después de dos años de intenso debate a puertas cerradas, sin que nadie se enterara, aunque el New York Times sacara sendas editoriales antes del anuncio definitivo del 17 de septiembre, me parece que estamos en la etapa de ir escena a escena como una gran obra de teatro donde ya todo está planificado, pero que tiene que jugar con las sensibilidades creadas durante más de cincuenta años de enemistad entre ambos países para tener contentos a los que están en La Habana y su contraparte de Miami, a los países bolivarianos y a los republicanos.

Nunca he ayudado con mis propias manos en un país necesitado del mundo, es una enseñanza de vida pendiente. No me considero especialista en ninguna temática en específico, aunque mis 22 años en Cuba donde llegué incluso a colaborar en un periódico de tirada nacional, Juventud Rebelde, algún merito me dan sobre la realidad de mi tierra y cómo funcionan los medios de comunicación allá, cómo obvian a una masa de la población, la más critica con el gobierno y como endulzan hasta el hartazgo la realidad aunque el día a día de quienes leen sus líneas le digan lo contrario. Soy, como cualquier otra persona, presa fácil de dejar las cosas a un lado, principalmente cuando el tema no es de mi interés, pero las relaciones internacionales, los derechos humanos y sobre todo el respeto que debe mediar entre quienes componemos un mundo tan diverso y heterogéneo, es una pasión que no conoce de hartazgo y por la cual no me canso de leer, ver, sentir.

Como dijera Sócrates: “solo sé que no sé nada”. Espero en un futuro saber más, entender más para tratar desde el periodismo hacer ver a todos cuán necesitados del otro y conectados estamos en el mundo.

NOTA: Lo presente fue escrito a inicios de octubre de 2015 como carta de presentación para el Máster Oficial en Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), que comienzo en noviembre de este año.

Lo poco que sé del mundo y de mí. (I)

La realidad del mundo contada desde los medios de comunicación se me antoja parcial y vacía, siempre le falta algún elemento, algo que trato de buscar a través de la contrastación con otros medios ajenos al discurso mediático occidental desde Estados Unidos y Europa, pero que incluso desde otros lares como Rusia, Qatar o Venezuela, sigue estando parcializado y solo es defensor a ultranza de su verdad, esa verdad que parece construida para imponerse y no para dialogar con el contrario. Los de aquí no lo cuentan todo y los de allá tampoco, se enzarzan en sus discursos antimperialistas, por la libertad de expresión o por la democracia, según de donde vengan, y se olvidan de quienes desde el primer momento deberían ser el centro de todas las políticas: los ciudadanos o el pueblo.

Hasta en algo tan sencillo como las personas, los gobernantes y los medios se empeñan en etiquetarlos según les convengan. En Cuba, una de las últimas apuestas del llamado socialismo, desde pequeño nos llamaban el pueblo a todos y cada uno de los cubanos y cubanas, convirtiéndonos en una masa amorfa de gente con supuestos derechos y oportunidades iguales, pero que en el día a día chocaba con el hecho de que, como en cualquier sociedad del mundo, había un gran número de privilegiados que no comulgaban en los mismos términos que el pueblo. Así la idea de pueblo, si grandilocuente por la génesis de aquella Revolución de 1959, se fue desdibujando con el tiempo. Hoy mi generación se divide entre quienes se han quedado allá para tratar de mejorar aquello y quienes hemos decido cambiar de aires en búsquedas de nuevos cauces para intentar mejorarlo todo.

Torres #sevillagraffiti #graffiti

Después de llevar viviendo en Sevilla unos cinco años e interiorizar el término ciudadano en contraposición al llamado pueblo, veo que en sí no deberían ser opuestos pues tanto uno como otro se refieren a nosotros, los seres humanos, seamos españoles, migrantes, refugiados o cualquier otra palabra utilizada para referirse a nosotros. Y es que si con pueblo me sentía en Cuba como una masa amorfa, ahora con ciudadanos se aboga demasiado al individualismo, al vivir nuestra propia vida, sin interesarnos por los demás, o solo lo justo para sentirnos bien con nosotros mismos al apoyar alguna campaña de solidaridad con un país africano. La propia etimología de pueblo y ciudadanos hace referencia a la habitual confrontación entre los pueblos y las ciudades con todos los adjetivos colindantes: los del pueblo son sencillos, tradicionales, apacibles, en contraste con los de la ciudad que son complejos, modernos, viven a todo ritmo. Como un patrón preestablecido, con el cual nos quieren encasillar, pero somos mucho más y necesitamos más de lo que dichas palabras encierran y de lo que los gobernantes nos prometen.

Uno de los cubanos más universales, José Martí, dijo en noviembre de 1891 en su discurso Con todos y para el bien de todos que “en la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados.” Pero claro, ¿cuál sería la verdad? ¿Hay una verdad absoluta o está condicionada por quienes la exponen? Cuatro años en la carrera de periodismo aquí en España y otros dos anteriores en Cuba, me han permitido a acceder a parte de la verdad, que sigo sin vislumbrar del todo.

Ciertamente la única verdad del mundo son los llamados derechos humanos, todos somos iguales, y todos merecemos ser tratados como iguales, o al menos eso quiero pensar hasta que me entero que Arabia Saudí, uno de los países donde aún se crucifican personas, es presidente de los cinco miembros que asesoran al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. ¿Cómo me trago esa situación? ¿Cómo seguir creyendo en el proyecto de paz que significa la ONU si sus miembros miran a otro lado ante los desmanes de Arabia Saudí?

Es para volverse cínico ante tanta cruda realidad donde parece que quienes tienen dinero y petróleo, tienen también carta blanca para hacer lo que deseen aún en detrimento de los derechos humanos. Entonces recuerdo a Ryszard Kapuscinski y vuelvo en mí, “los cínicos no sirven para este oficio”, para el oficio de periodista, aclaro. Pero es que hay tantas paradojas en el mundo como la entrega del Premio Nobel de la Paz a Barack Obama en 2009 cuando aún hoy sigue impulsando guerras contra países como Siria o contra el mal llamado Estado Islámico. Si bien hay determinadas acciones, que coordinadas por todos los miembros de la ONU, contra fanáticos religiosos como los de ISIS son necesarios ante las evidencias de su falta de cordura e irrespeto a los derechos humanos.

CONTINÚA…

NOTA: Lo presente fue escrito a inicios de octubre de 2015 como carta de presentación para el Máster Oficial en Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), que comienzo en noviembre de este año. 

Personas, apuntes sobre Siria y la migración

Cada verano los medios de comunicación en España recurren a un tema fetiche que repiten hasta el hartazgo, casi siempre uno nacional y otro internacional acorde con la agenda setting. Este 2015 junto al manido y “decisivo”, según algunos, Cataluña, todos pusieron su mirada también en la migración de los sirios hacia Europa, una ola de personas huyendo de su país en busca de una mejor vida o para ser claro: millones de hombres, mujeres, niños y ancianos obligados a salir de un país en guerra para sobrevivir, aun cuando se enfrentaban a las mafias de trata de personas, difíciles trayectos por tierra y mar, y por último con la intolerancia de muchos en el Viejo Mundo que prefieren mirar a un lado ante la desgracia ajena.

La maquinaria mediática este verano con la migración de Siria, esa que huye de Bashar Al-Asad, siguió minuto a minuto el periplo de los refugiados desde las costas de África hasta su llegada y trayecto por el continente europeo. Todos los ojos, todas las lentes, hacia los sirios y sirias, al parecer el único país de África que está en guerra, las únicas personas que huyen de un dictador, del hambre, de las pésimas condiciones de vida. Y sí, ciertamente, los sirios merecen una atención especial de Europa y de todo el mundo, pero tanto la atención como las medidas para evitar que las personas salgan huyendo de la guerra, llegan tarde, unos cuatro años tarde en los que los organismos internacionales solo se han llenado la boca en reclamar un acuerdo en la región, pero no han mediado, si no que han armado a facciones en contra del presidente sirio, han llevado a sus egos de superpotencias un tema ajeno sin importarle la vida de los sirios, en un cruento enfrentamiento donde Estados Unidos quiere una cosa, Rusia y China, lo contrario, y los habitantes de Siria solamente vivir.

El verano es una época propicia para la migración, cada año los medios hablan de la llegada masiva de personas a las costas del Mediterráneo, recuerdo que el año pasado el cuenta gota era casi diario de 3 mil personas, y sin embargo el despliegue informativo entonces no llegaba a los sendos bloques informativos de 3 a 5 noticias diarias en los canales de televisión o los especiales en la prensa escrita de más de una página. Pero este 2015 Europa al parecer se ha visto desbordada, según los propios medios, por más de un millón de migrantes, de ellos más de la mitad de Siria. A los que se agregan según el diario El País: “Eritrea, con uno de los regímenes más opresores del mundo, y Afganistán, inmerso en una guerra que dura más de una década”, como “los países de origen de quienes llegan en patera por el Mediterráneo”.

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Como se puede ver no son solo los sirios quienes están huyendo de la guerra, es todo un continente que seguirá huyendo cada año de países con gobiernos fallidos, dejados a la mano de los llamados hombres de la guerra, del hambre, la miseria y sin cubrir las necesidades más básicas del ser humano como la salud, la educación y en fin, la vida digna. Este verano, y lo digo sin temor a equivocarme, los medios han puesto su lupa en Siria para acabar de una vez y por todas con la guerra en dicho país, pero sobre todo con Bashar Al-Asad, y de paso con la credibilidad internacional de Rusia y China que en su momento se opusieron a acciones armadas en dicho territorio. Ahora, ya no se está luchando solo entre los sirios pro-gubernamentales y los rebeldes, sino que el autodenominado Estado Islámico está allí en escena, con sus inhumanos métodos de entender El Corán e imponer la yihad, alimentado a su vez por enemigos de Occidente como Al-Qaeda.

La realidad de Siria no es ahora, lo mismo que en 2011 cuando empezaron esta Guerra Civil que ya ha costado la vida a miles de personas y el desplazamiento de más de siete millones. Los organismos internacionales y los medios, pueden querer buscar culpables en dicho país, y hacernos creer que con su destitución, como con el ahorcamiento de Sadam Hussein se va a resolver de una vez y por todas la situación de Siria. Ojalá fuera tan fácil, como pudo haber sido hace cuatro años. Esperemos que actúen de una vez y por todas, coordinados tanto Estados Unidos con Rusia, e incluso hasta con China, aunque parezca imposible, para mermar definitivamente el peligro real que supone el autodenominado Estado Islámico.

A montarse en el carro de #Cuba

Desde que Obama y Castro anunciaron el restablecimiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, el pasado 17 de diciembre, todo el mundo mira fijamente al archipiélago caribeño y como va puliendo pasos con su vecino norteño para volver a tratarse de tú a tú en la política internacional, como iguales desde las diferencias de ambas naciones.

Las reacciones de los demás políticos, esos que se quedaron sorprendidos ante el anuncio, no se ha hecho esperar y todos quieren de alguna manera u otra participar en este nuevo camino entre Cuba y Estados Unidos. Uno de los más recientes, fue el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos quien a principios de abril de 2015 se apuntaba en el carro con la frase: “pusimos nuestro granito de arena pero no queremos llevarnos ningún crédito. Somos muy amigos de Estados Unidos y al mismo tiempo Cuba está siendo anfitrión en el proceso de paz”.

Desde cualquier rincón del mundo se congratularon ante la decisión de Obama y Castro, de hecho la Unión Europea ha iniciado conversaciones con Cuba después de años de tener también congeladas las negociaciones con el archipiélago caribeño. Cabría preguntarse si los de la Comunidad Europea estarían sentados en la mesa con los mismos que tildan de “dictadores”, si Estados Unidos no hubiera dado el primer paso. La respuesta sin duda sería negativa, pero la realidad es que hasta otras naciones como Corea del Sur quieren restablecer relaciones con la Cuba comunista.

hoy #Cuba es noticia obligada con #USA claro, a ver si nos quitamos las vendas Ante tanta avalancha de optimismo y mano amiga desde muchos y disímiles lugares del mundo, surge la duda de por qué el cambio en la política internacional con respecto a Cuba, si a efectos reales sigue teniendo un partido único, cuenta con elecciones, pero no en la misma línea de democracia que la que desde Occidente se pregona y el tan criticado Raúl Castro, así como su antecesor Fidel, siguen al frente de Cuba. Por no hablar de los tan socorridos derechos humanos para el cual cada país ve paja en terreno ajeno, pero mira para otro lado cuando es en sus fronteras.

De hecho Cuba continúa manteniendo relaciones diplomáticas con otros cuestionados de la actualidad mundial como Rusia, Venezuela y Corea del Norte. Sí, la misma Corea que tanto se critica desde los medios y a la cual el expresidente, George W. Bush, metió en el llamado Eje del Mal junto a Irak e Irán, también amigo de Cuba, y a la cual luego agregaron a Siria, Libia y sí señor, Cuba la bella. Fue hace 13 años, en enero del 2002 cuando Bush movía su guerra contra el terrorismo.

Hoy en cambio, el Congreso de Estados Unidos debate sacar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo para seguir adelante con el mutuo interés de abrir embajada en La Habana y,  por otra parte el discurso mediático sí va reconociendo los beneficios de este nuevo capítulo para los cubanos, nunca para el gobierno, contra el cual se siguen ensañando como siempre, desde los advenedizos defensores de la libertad, llamados en la isla disidentes.

El cambio de postura con Cuba no sé a qué obedece, quienes manejan la economía dicen que por ahí viene el interés de Estados Unidos y otros países por la isla. La apertura económica desde 2012, que cambiaron el modelo de economía comunista por uno más parecido al capitalista, pero nunca sin llamarlo así, parece calar entre los que miran hacia Cuba. Otros hablan de frenar los pies a China y Rusia en América Latina, incluso a Venezuela, aunque allá tienen su propia guerra. Obama reconoció que la política sostenida por cincuenta años fue un fracaso, no obstante ha dejado bien claro que siguen queriendo un sistema democrático en suelo cubano.

Al respecto de la decisión de Obama de retirar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, él mismo dijo: “no se trata de que un Estado ejerza un régimen autoritario o reprima a su pueblo. Suena cruel, pero si este fuera el criterio para pertenecer a la lista de cómplices del terrorismo, desde Arabia Saudí hasta China, y muchos otros países, tendrían que figurar en ella”.

Lo cierto es que es un nuevo escenario ante el cual se van perfilando poco a poco los pasos entre ambas naciones. Desde la distancia quisiera que todo fuera más rápido, aunque debo reconocer que no se puede esperar un cambio de la noche a la mañana, sobre todo con tanta gente que se ha criado con ideas tanto a favor como en contra de Cuba, así como a favor o en contra de Estados Unidos.  

El último gran gesto del Papa Francisco habla de un interés real, hasta en el Vaticano, porque se normalicen las relaciones entre mi país y Estados Unidos. Será en septiembre cuando el argentino visite Cuba antes de su gira por USA, en una decisión que sin dudas seguirá contribuyendo a estrechar un puente que ya han construido asociaciones de solidaridad con Cuba entre el pueblo estadounidense y el cubano.

De Francisco no dudo sus buenas intenciones para que Cuba y Estados Unidos acaben con los últimos escollos de aquella Guerra Fría, para que los cubanos y las cubanas puedan vivir en igualdad y con acceso al mundo, no solo a la tecnología o a través de la misma. Del resto, solo el tiempo nos dirá qué buscan en este nuevo escenario geopolítico donde Goliat ha soltado el mazo, David se ha anotado una victoria o como dijo el presidente de Bolivia, Evo Morales: “Por una parte zanahoria para Cuba y palo para Venezuela y no sé si esa estrategia norteamericana trata de dividir a los países del ALBA“.

Cuestión de tiempo.

No es tiempo de intransigentes #Cuba

Martínez Campos: Pero es que usted no conoce las bases del convenio del Zanjón
Antonio Maceo: Precisamente, porque la conocemos es que no estamos de acuerdo con ellas. 
MC: Acabe de pasarme las bases, hombre.
AM: ¡Guarde usted ese documento! No queremos saber nada de él.
MC: Entonces, no nos entendemos.
AM: No, no nos entendemos.
Ese episodio de la historia de Cuba, conocido como la Protesta de Baragua y protagonizado por uno de los generales del Ejército mambí, Antonio Maceo, quien luchó por la abolición de la esclavitud y la independencia cubana en 1878, es conocido por cualquier cubano o estudioso de la historia del archipiélago, al menos la historia que sé y me han contado toda la vida. 
Maceo es el ejemplo de cubano bueno, decidido, arrojado, y cualquier otro adjetivo que denotara coraje en la Historia de Cuba, pero sobre todo el máximo ejemplo de la intransigencia revolucionaria, una cualidad altamente valorada por quienes en Cuba se creen que por criticar una aptitud, política o figura nacional, ya uno está pagado por los otros, es un vende-Patria, gusano, mercenario o cualquier otro descalificativo utilizado por más de cincuenta. No deja de resonar en mi cabeza la frase de Fidel Castro ante los intelectuales, en fecha tan temprana como 1961, donde dijo: “Con la Revolución todo, contra la Revolución nada”.
Ser intransigente revolucionario es un mérito, como caballo que no puede mirar hacia los lados o hablar con el contario, debatir en una misma mesa, el cubano sabe cuánto puede perder si abre la boca en la isla para criticar alguna gestión del gobierno, sugerir un debate abierto con la llamada disidencia o cualquier otra idea que se salga de lo que todos conocemos como crítica constructiva, pero que allá tiene unos límites muy específicos. 
Las circunstancias de Antonio Maceo no son para nada comparables con el actual cubano, el mambí luchaba por ver su país libre, estaba inmerso en una batalla real con el Ejército español que los superaba en armamento y estrategia militar, pero no en las ganas de llevar adelante un proyecto único de los cubanos y para los cubanos. La Cuba de hoy se supone que ya es libre, no está en guerra con nadie, aunque el enfrentamiento con Estados Unidos ha sido una guerra mediática constante desde ambas orillas del Estrecho de la Florida y por el cual un gran número de cubanos y cubanas, hemos salido fuera de la isla, en búsqueda de mejores oportunidades. 
En Panamá se celebra esta semana la Cumbre de las Américas con la presencia por primera vez de Cuba, resultado del deshielo de las relaciones con Estados Unidos. Un deshielo que se hace notar a nivel estatal, pero luego de las imágenes que recorren el mundo de cubanos enfrentados entre ellos, no se hace notar tanto, ni tan siquiera después de sendas conversaciones en La Habana y Washington, las cuales realmente creo son un paripé pues ya todo estará hablado, pero ante los intereses de un lado y otro hay que mantener un ritmo lento, medido, que de esperanzas, pero las justas. 
Las imágenes de peleas entre cubanos pro-gubernamentales y cubanos disidentes, no dejan de parecerme un ejercicio total de intolerancia, de falta de cultura democrática y muy indigno de un país como Cuba, donde constantemente nos repetían aquello de que “somos el país más culto del mundo”. Las conversaciones previas a la Cumbre real entre mandatarios de América, eran una oportunidad de oro para hacer llegar a los presidentes las preocupaciones de la sociedad civil americana, no la cubana, que no supo estar a la altura y convirtió aquello en un ring de peleas de gallos, que no entiende de oír argumentos del contrario. 
América toda vivió en primera fila cuán polarizada está la “sociedad civil cubana”, un término que creánme nunca antes había oído en la isla, de donde salí hace 5 años ya, aunque sí era utilizado constantemente por Yoanis Sánchez y otras figuras representativas de la llamada disidencia. Los presentes enviados por el gobierno cubano, pertenecientes en su mayoría a organismos e instituciones estatales, se erigían en la real sociedad civil, la disidencia, supuestamente financiada por organismos internacionales, por su parte afirmaba lo mismo, los cubanos que estamos lejos y cansados de tener que sacar la espada a favor o en contra de unos y otros, bajábamos la cabeza de vergüenza ante la imagen de intransigencia revolucionaria y disidente.
No es época de intransigencia, ni de bajarse los pantalones ante nadie, es época de hablar de manera civilizada entre todos los cubanos, los de adentro y los de afuera, los que están a favor y en contra, entre nosotros. Como dijera José Martí: “Con todos y para el bien de todos”.
Y cito: 

“…yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados. Levántese por sobre todas las cosas esta tierna consideración, este viril tributo de cada cubano a otro. Ni misterios, ni calumnias, ni tesón en desacreditar, ni largas y astutas preparaciones para el día funesto de la ambición. O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos.” 

(Discurso pronunciado por José Martí en el Liceo Cubano en Tampa el 26 de noviembre de 1891.)

#Cuba, entre la sorpresa y la esperanza

Para los cubanos y cubanas el 17 de diciembre de 2014 no fue un día más. Las alocuciones en vivo de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, marcó una nueva etapa, aun en pañales, que muchos dentro y fuera de este archipiélago estábamos esperando hace años. 
Precisamente ese día yo estaba llegando a La Habana, y pese a arribar unas 6 horas después de esas 12 del mediodía histórico, no fue hasta llegar a mi casa que me enteré de las nuevas buenas, no solo para el restablecimiento de las relaciones entre dos gobiernos que desde hace más de 50 años son enemigos y críticos de la política del contrario, sino del intercambio de los tres cubanos condenados por espionaje en Estados Unidos por un contratista americano que permanecía prisionero en Cuba, que dio muestras de este nuevo episodio entre ambos países. 

de vuelta de La #Habana #Cuba

Por donde quiera que iba en mi pueblo, Playa Baracoa, e incluso en las visitas que hice a Matanzas donde vive mi familia paterna, las ideas eran las mismas: “ahora sí, esto va a cambiar, ojalá que quiten el bloqueo”, incluso algunos se aventuraban a pronosticar que los yates americanos pronto desbordarían las costas cubanas o del tan ansiado Internet, “qué ahora con Obama sí”. 
Ante tantas ideas desbordadas de esperanza por quienes trajinan mi país y viven el día a día de esta Cuba que dejé hace más de cuatro años, no podía menos que alegrarme, pero mi habitual prudencia y más ante decisiones tan trascendentales que involucran no solo a los gobiernos de ambos países sino también a otros poderes e intereses tanto de un lado como del otro, prefiero esperar a ver cómo evolucionan las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos. 
El primer paso ya está dado, de hecho hace más de 18 meses ambos países empezaron a estabilizar esas turbias relaciones de casi 60 años, donde los perjudicados han sido el pueblo cubano que ha sufrido las carencias derivadas del bloqueo económico, sí es real y solo hay que caminar por La Habana para ver lo poco a poco que se hacen las cosas que en cualquier otro país llevan menos tiempo. Y en menor medida el pueblo norteamericano que no ha podido visitar la isla. 
Enumerar las cuantiosas cifras que ha perdido Cuba en estos años de bloqueo económico y financiero, sería repetir los registros recogidos por el gobierno cubano. Al parecer la presión internacional, la mano conciliadora del Papa Francisco e incluso la petición de medios y estadounidenses de bien que no ven la lógica de ahogar una nación cuando con otras, de ideología similar, el gobierno de Estados Unidos y los empresarios made in USA, mantienen relaciones comerciales y de otra índole, aunque eso no signifique ceder en sus ideas y criticar la conducta del contrario cuando se estima conveniente. 
Supongo que esa debe ser la premisa de las nuevas relaciones entre Cuba y Estados Unidos: la tolerancia. A partir de ahí construir una nueva etapa que incluya a todos y no obvie que en la Mayor de las Antillas no solo viven los Castro, las Damas de Blanco, la disidencia, sino otras muchas personas, hombres y mujeres trabajadores, que están al margen de la política y solo quieren vivir con unos mínimos de nivel de vida. 
Del otro lado, en Miami, también hay cubanos que solo quieren poder visitar a sus familiares sin tantas trabas, ayudarlos financieramente sin perder dinero al enviar dólares y que no apoyan a quienes pregonan políticas en contra de Cuba, que al final, repito, solo perjudican al cubano de la calle. Ese que no sabe si mañana tendrá para comer huevo y arroz, o si se puede comprar un par de zapatos aunque los suyos ya no le den más. 
Solo nos queda esperar a ver cuánto se logra en las mesas de negociaciones entre ambas naciones y esperar por supuesto las buenas intenciones tanto del gobierno de Cuba como del de Estados Unidos.