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Muros

25 años de la caída del Muro de Berlín este 9 de noviembre de 2014 y el domingo el mundo se felicitaba, las frases ocurrentes sobre muros, limitaciones y el fin de la antigua Unión Soviética llenaban las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales. De un lado claro, del otro se preguntaban totalmente lo contrario porque es que el mundo para que sea mundo tiene que haber de todo, como reza el refranero popular. 
Lamentablemente este mundo sigue siendo casi tan igual a cómo era hace 25 años, si bien las tensiones ya no son tan claras entre dos grandes superpotencias, lo que significaba aquel muro, el límite preciso -físico- en una ciudad como Berlín, en un país como Alemania, dividido en una República Federal y una República Popular, ya no es sólo la división entre capitalistas y comunistas. En el actual mapa geopolítico, los enfrentamientos toman diversas magnitudes y se ven reflejados en muros de cruel concreto o en ideologías, políticas o religiones a las cuales no es preciso poner calificativos. 
La última frontera visible entre el capitalismo y el comunismo es sin dudas las dos Coreas. Tan distintas como lo pudo ser en su momento la Unión Soviética de Estados Unidos, cada uno predicando sus libertades, recortando la vida de las personas de una manera u otra, y dando titulares jugosos para los medios de comunicación de la ideología contraria. Y por supuesto creando tensiones cada cierto tiempo para que el mundo recuerde que ahí están, divididos, pero presentes y qué en cualquier momento pueden estallar, igual que en aquella Guerra Fría en la cual se vivía con más miedo que en peligro real
A la superada Guerra Fría, aunque habría que matizar con los intentos de posicionamiento de la actual Rusia, pero eso es tema de otro costal, habría que agregarle la actual cruzada yihadista en el Medio Oriente. Esta región del mundo lleva años hirviendo de una manera u otra, como mismo en su momento en Occidente los cristianos aún no habían dejado imposiciones y evolucionado. Al temor por el mundo islámico que desde finales de la Guerra Fría se fue alimentando en Occidente, en 2001 después del ataque a las Torres Gemelas, se le unió la llamada Guerra contra el Terrorismo, otra cruzada, esta comandada por el por entonces presidente Bush y seguida por Obama, que no ha hecho sino reavivar viejas heridas y crear pequeños-grandes monstruos como el Estado Islámico que hoy combate en regiones como Libia o Siria. 
La religión como pretexto, la libertad como bandera, no son legítimas cuando en su nombre se matan millones de inocentes y no se crean puentes, si no que se edifican muros de odio entre pueblos y entre personas. 
Los muros físicos sin dudas son dañinos, pero los mentales llegan a ser peores cuando tras estos se esconden intereses políticos y económicos, que benefician a solo unos pocos. En un mundo globalizado, donde se supone todo está más cerca, la libertad de movimiento es bandera, las fronteras cada vez son más difusas entre los países, esa globalización tan soñada por muchos, por quienes menos tienen en su tierra de origen, al final solo es utilizada por quienes más dinero poseen, por las grandes multinacionales y por quienes tuvieron la dicha de nacer en los llamados países desarrollados. 
Los otros, los que toda la vida han sido unos sin voces y seguirán siéndolo, tienen que conformarse con quedarse en su lugar de origen o arriesgar su vida en un viaje por tierra o mar para llegar a lugares donde tener mayores posibilidades, aunque en algunos de ellos, lo primero que se encuentren sea un gran muro, o leyes anti-inmigración que reducen la movilidad natural del ser humano

El más sonado ejemplo es el muro que separa México de Estados Unidos, un país sumido en la pobreza, donde gobiernan quienes más tienen y más quieren, donde la violencia se salda cada día con decenas de personas, quien quiere escapar de todo eso o simplemente mejorar su nivel de vida, llegar al “sueño americano” no lo tiene tan fácil como los cubanos, que por la llamada política de pies secos, pies mojados, si tocamos territorio americano ya estamos dentro con muchos derechos. No obstante, quienes se quedan en Cuba no viven con un muro que limita, sino con el embargo económico que prohíbe más de un acuerdo para mejorar la alimentación o la salud de los cubanos. 

En Palestina no solo hay un muro más grande que el de Berlín, sino que Israel les tiene impuesto también un embargo económico y cada cierto tiempo, tienen que resignarse con los bombardeos indiscriminados de su vecino que merma sus únicas vías de entradas de alimentos, esos túneles por los cuales también se supone que entraban armamentos. 
Los muros siguen existiendo 25 años después, incluso en países tan lejanos o desconocidos como Australia que imponen unas duras condiciones a quienes decidan migrar a su país y no aceptan a ni una de las deplorables embarcaciones que salen de las islas de Oceanía. Donde quiera hay muros, la percepción depende de dónde vengas. Nunca serán iguales para un europeo que para un latinoamericano o para un africano. Aquello de que el dinero no compra la felicidad puede ser cierto, pero cierto es que sí derriba muros.

Bienvenidos a… Hamburgo, Alemania

Si la semana pasada estuvimos recorriendo Tallinn, Estonia, hoy continuamos en Europa, pero en otra de sus grandes ciudades. Gracias a un amigo del Facebook, de hecho uno de los primeros que conociera por esa vía, estaremos sintiendo parte de Alemania. De la mano de Danny Manuel Martínez Pedrera, otro cubano que anda desde el Viejo Mundo les doy la bienvenida a:

La “ciudad libre y hanseática de Hamburgo”, construida a orillas del río Elba en el norte de Alemania, la más populosa de Europa dejando a un lado las capitales, está marcada por la presencia del agua. No por gusto se la conoce como la Venecia del norte. Sobre sus muchísimos canales se extienden más puentes que en Venecia, Ámsterdam y Londres juntos. En el centro de la ciudad encanta el Alstersee, conformado por dos contiguos lagos artificiales (en tanto porciones hipertrofiadas del río Alster) y poblado por cisnes, veleros y un vaporcillo. El puerto, el tercero más grande de Europa, capaz de dar cabida a barcos tan grandes como el Queen Mary 2, ofrece un panorama impresionante, especialmente durante las celebraciones por su aniversario („Hafengeburtstag“) en los primeros días de mayo.
El perfil de la ciudad está caracterizado por las agujas de la torre de televisión Heinrich Hertz, el Ayuntamiento y cinco grandes iglesias, elevándose todas sobre un fondo conspicuamente ausente de rascacielos. Entre las iglesias destacan la de San Miguel, que es emblema de la ciudad, y la de San Nicolás, que fue durante un par de años del siglo XIX el edificio más alto del mundo y de la que hoy sólo queda la torre, destruido el resto durante la Segunda Guerra Mundial. Son típicas las construcciones en ladrillo y sobre todo las estatuas y planchas de cobre sobre los techos que al oxidarse producen ese color verde tan característico de la ciudad. Una ciudad que impresiona por su orden y limpieza. 

Podría decirse con justicia de Hamburgo que es una metrópolis cultural en toda regla. La lista de museos, teatros y eventos culturales es muy larga. En especial destacan los musicales al estilo de “El Rey León” o “Tarzán” en grandes teatros de la ciudad, que es en ese sentido aventajada solamente por Nueva York y Londres a nivel mundial. Imponente resultará el edificio de la Elbphilarmonie cuando se termine su construcción al borde del Elba. Por otro lado, es ya legendaria la calle Reeperbahn en el barrio de Sankt Pauli, conocida también como la milla del pecado („die sündige Meile”), que con sus muchas discotecas, bares, clubes destriptease y sex shops concentra la parte mayor y más movida de la vida nocturna hamburguesa. Mención merece también el barrio “alternativo” de Schanze.


Hamburgo es una ciudad muy verde, con los “pulmones” del Altonaer Volkspark hacia el oeste, el Stadtpark hacia el norte (sede de uno de los planetarios más grandes de Europa) y el delicioso Planten un Blomen en pleno centro con sus jardines y sus juegos de agua y luz („Wasserlichtspiele“). Al sur de la ciudad y del Elba se encuentra el Altes Land, el territorio más amplio en Europa central dedicado al cultivo de frutas (mayormente manzanas) que es una exquisitez para los amantes de la naturaleza. Por su conciencia ecológica ha sido seleccionada Hamburgo este año como capital medioambiental europea („Umwelthauptstad Europas 2011“). No es raro encontrar alemanes que aseguran que se trata de la ciudad más hermosa de Alemania.