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No es tiempo de intransigentes #Cuba

Martínez Campos: Pero es que usted no conoce las bases del convenio del Zanjón
Antonio Maceo: Precisamente, porque la conocemos es que no estamos de acuerdo con ellas. 
MC: Acabe de pasarme las bases, hombre.
AM: ¡Guarde usted ese documento! No queremos saber nada de él.
MC: Entonces, no nos entendemos.
AM: No, no nos entendemos.
Ese episodio de la historia de Cuba, conocido como la Protesta de Baragua y protagonizado por uno de los generales del Ejército mambí, Antonio Maceo, quien luchó por la abolición de la esclavitud y la independencia cubana en 1878, es conocido por cualquier cubano o estudioso de la historia del archipiélago, al menos la historia que sé y me han contado toda la vida. 
Maceo es el ejemplo de cubano bueno, decidido, arrojado, y cualquier otro adjetivo que denotara coraje en la Historia de Cuba, pero sobre todo el máximo ejemplo de la intransigencia revolucionaria, una cualidad altamente valorada por quienes en Cuba se creen que por criticar una aptitud, política o figura nacional, ya uno está pagado por los otros, es un vende-Patria, gusano, mercenario o cualquier otro descalificativo utilizado por más de cincuenta. No deja de resonar en mi cabeza la frase de Fidel Castro ante los intelectuales, en fecha tan temprana como 1961, donde dijo: “Con la Revolución todo, contra la Revolución nada”.
Ser intransigente revolucionario es un mérito, como caballo que no puede mirar hacia los lados o hablar con el contario, debatir en una misma mesa, el cubano sabe cuánto puede perder si abre la boca en la isla para criticar alguna gestión del gobierno, sugerir un debate abierto con la llamada disidencia o cualquier otra idea que se salga de lo que todos conocemos como crítica constructiva, pero que allá tiene unos límites muy específicos. 
Las circunstancias de Antonio Maceo no son para nada comparables con el actual cubano, el mambí luchaba por ver su país libre, estaba inmerso en una batalla real con el Ejército español que los superaba en armamento y estrategia militar, pero no en las ganas de llevar adelante un proyecto único de los cubanos y para los cubanos. La Cuba de hoy se supone que ya es libre, no está en guerra con nadie, aunque el enfrentamiento con Estados Unidos ha sido una guerra mediática constante desde ambas orillas del Estrecho de la Florida y por el cual un gran número de cubanos y cubanas, hemos salido fuera de la isla, en búsqueda de mejores oportunidades. 
En Panamá se celebra esta semana la Cumbre de las Américas con la presencia por primera vez de Cuba, resultado del deshielo de las relaciones con Estados Unidos. Un deshielo que se hace notar a nivel estatal, pero luego de las imágenes que recorren el mundo de cubanos enfrentados entre ellos, no se hace notar tanto, ni tan siquiera después de sendas conversaciones en La Habana y Washington, las cuales realmente creo son un paripé pues ya todo estará hablado, pero ante los intereses de un lado y otro hay que mantener un ritmo lento, medido, que de esperanzas, pero las justas. 
Las imágenes de peleas entre cubanos pro-gubernamentales y cubanos disidentes, no dejan de parecerme un ejercicio total de intolerancia, de falta de cultura democrática y muy indigno de un país como Cuba, donde constantemente nos repetían aquello de que “somos el país más culto del mundo”. Las conversaciones previas a la Cumbre real entre mandatarios de América, eran una oportunidad de oro para hacer llegar a los presidentes las preocupaciones de la sociedad civil americana, no la cubana, que no supo estar a la altura y convirtió aquello en un ring de peleas de gallos, que no entiende de oír argumentos del contrario. 
América toda vivió en primera fila cuán polarizada está la “sociedad civil cubana”, un término que creánme nunca antes había oído en la isla, de donde salí hace 5 años ya, aunque sí era utilizado constantemente por Yoanis Sánchez y otras figuras representativas de la llamada disidencia. Los presentes enviados por el gobierno cubano, pertenecientes en su mayoría a organismos e instituciones estatales, se erigían en la real sociedad civil, la disidencia, supuestamente financiada por organismos internacionales, por su parte afirmaba lo mismo, los cubanos que estamos lejos y cansados de tener que sacar la espada a favor o en contra de unos y otros, bajábamos la cabeza de vergüenza ante la imagen de intransigencia revolucionaria y disidente.
No es época de intransigencia, ni de bajarse los pantalones ante nadie, es época de hablar de manera civilizada entre todos los cubanos, los de adentro y los de afuera, los que están a favor y en contra, entre nosotros. Como dijera José Martí: “Con todos y para el bien de todos”.
Y cito: 

“…yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados. Levántese por sobre todas las cosas esta tierna consideración, este viril tributo de cada cubano a otro. Ni misterios, ni calumnias, ni tesón en desacreditar, ni largas y astutas preparaciones para el día funesto de la ambición. O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos.” 

(Discurso pronunciado por José Martí en el Liceo Cubano en Tampa el 26 de noviembre de 1891.)

¿Humanos?

Cuando una persona, asociación, Estado o cualquiera otra manifestación del ser humano, se cree con la capacidad de privar a otros de libertad porque sí, de imponerle su visión del mundo a través de la persuasión extrema, incluso de quitarle la vida a otros. Justo en ese momento, deja de ser humano. Hay tantos que han sobrepasados estos y otros límites, hay tanta falta de humanidad…

#Cuba, entre la sorpresa y la esperanza

Para los cubanos y cubanas el 17 de diciembre de 2014 no fue un día más. Las alocuciones en vivo de los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, marcó una nueva etapa, aun en pañales, que muchos dentro y fuera de este archipiélago estábamos esperando hace años. 
Precisamente ese día yo estaba llegando a La Habana, y pese a arribar unas 6 horas después de esas 12 del mediodía histórico, no fue hasta llegar a mi casa que me enteré de las nuevas buenas, no solo para el restablecimiento de las relaciones entre dos gobiernos que desde hace más de 50 años son enemigos y críticos de la política del contrario, sino del intercambio de los tres cubanos condenados por espionaje en Estados Unidos por un contratista americano que permanecía prisionero en Cuba, que dio muestras de este nuevo episodio entre ambos países. 

de vuelta de La #Habana #Cuba

Por donde quiera que iba en mi pueblo, Playa Baracoa, e incluso en las visitas que hice a Matanzas donde vive mi familia paterna, las ideas eran las mismas: “ahora sí, esto va a cambiar, ojalá que quiten el bloqueo”, incluso algunos se aventuraban a pronosticar que los yates americanos pronto desbordarían las costas cubanas o del tan ansiado Internet, “qué ahora con Obama sí”. 
Ante tantas ideas desbordadas de esperanza por quienes trajinan mi país y viven el día a día de esta Cuba que dejé hace más de cuatro años, no podía menos que alegrarme, pero mi habitual prudencia y más ante decisiones tan trascendentales que involucran no solo a los gobiernos de ambos países sino también a otros poderes e intereses tanto de un lado como del otro, prefiero esperar a ver cómo evolucionan las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos. 
El primer paso ya está dado, de hecho hace más de 18 meses ambos países empezaron a estabilizar esas turbias relaciones de casi 60 años, donde los perjudicados han sido el pueblo cubano que ha sufrido las carencias derivadas del bloqueo económico, sí es real y solo hay que caminar por La Habana para ver lo poco a poco que se hacen las cosas que en cualquier otro país llevan menos tiempo. Y en menor medida el pueblo norteamericano que no ha podido visitar la isla. 
Enumerar las cuantiosas cifras que ha perdido Cuba en estos años de bloqueo económico y financiero, sería repetir los registros recogidos por el gobierno cubano. Al parecer la presión internacional, la mano conciliadora del Papa Francisco e incluso la petición de medios y estadounidenses de bien que no ven la lógica de ahogar una nación cuando con otras, de ideología similar, el gobierno de Estados Unidos y los empresarios made in USA, mantienen relaciones comerciales y de otra índole, aunque eso no signifique ceder en sus ideas y criticar la conducta del contrario cuando se estima conveniente. 
Supongo que esa debe ser la premisa de las nuevas relaciones entre Cuba y Estados Unidos: la tolerancia. A partir de ahí construir una nueva etapa que incluya a todos y no obvie que en la Mayor de las Antillas no solo viven los Castro, las Damas de Blanco, la disidencia, sino otras muchas personas, hombres y mujeres trabajadores, que están al margen de la política y solo quieren vivir con unos mínimos de nivel de vida. 
Del otro lado, en Miami, también hay cubanos que solo quieren poder visitar a sus familiares sin tantas trabas, ayudarlos financieramente sin perder dinero al enviar dólares y que no apoyan a quienes pregonan políticas en contra de Cuba, que al final, repito, solo perjudican al cubano de la calle. Ese que no sabe si mañana tendrá para comer huevo y arroz, o si se puede comprar un par de zapatos aunque los suyos ya no le den más. 
Solo nos queda esperar a ver cuánto se logra en las mesas de negociaciones entre ambas naciones y esperar por supuesto las buenas intenciones tanto del gobierno de Cuba como del de Estados Unidos.

Muros

25 años de la caída del Muro de Berlín este 9 de noviembre de 2014 y el domingo el mundo se felicitaba, las frases ocurrentes sobre muros, limitaciones y el fin de la antigua Unión Soviética llenaban las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales. De un lado claro, del otro se preguntaban totalmente lo contrario porque es que el mundo para que sea mundo tiene que haber de todo, como reza el refranero popular. 
Lamentablemente este mundo sigue siendo casi tan igual a cómo era hace 25 años, si bien las tensiones ya no son tan claras entre dos grandes superpotencias, lo que significaba aquel muro, el límite preciso -físico- en una ciudad como Berlín, en un país como Alemania, dividido en una República Federal y una República Popular, ya no es sólo la división entre capitalistas y comunistas. En el actual mapa geopolítico, los enfrentamientos toman diversas magnitudes y se ven reflejados en muros de cruel concreto o en ideologías, políticas o religiones a las cuales no es preciso poner calificativos. 
La última frontera visible entre el capitalismo y el comunismo es sin dudas las dos Coreas. Tan distintas como lo pudo ser en su momento la Unión Soviética de Estados Unidos, cada uno predicando sus libertades, recortando la vida de las personas de una manera u otra, y dando titulares jugosos para los medios de comunicación de la ideología contraria. Y por supuesto creando tensiones cada cierto tiempo para que el mundo recuerde que ahí están, divididos, pero presentes y qué en cualquier momento pueden estallar, igual que en aquella Guerra Fría en la cual se vivía con más miedo que en peligro real
A la superada Guerra Fría, aunque habría que matizar con los intentos de posicionamiento de la actual Rusia, pero eso es tema de otro costal, habría que agregarle la actual cruzada yihadista en el Medio Oriente. Esta región del mundo lleva años hirviendo de una manera u otra, como mismo en su momento en Occidente los cristianos aún no habían dejado imposiciones y evolucionado. Al temor por el mundo islámico que desde finales de la Guerra Fría se fue alimentando en Occidente, en 2001 después del ataque a las Torres Gemelas, se le unió la llamada Guerra contra el Terrorismo, otra cruzada, esta comandada por el por entonces presidente Bush y seguida por Obama, que no ha hecho sino reavivar viejas heridas y crear pequeños-grandes monstruos como el Estado Islámico que hoy combate en regiones como Libia o Siria. 
La religión como pretexto, la libertad como bandera, no son legítimas cuando en su nombre se matan millones de inocentes y no se crean puentes, si no que se edifican muros de odio entre pueblos y entre personas. 
Los muros físicos sin dudas son dañinos, pero los mentales llegan a ser peores cuando tras estos se esconden intereses políticos y económicos, que benefician a solo unos pocos. En un mundo globalizado, donde se supone todo está más cerca, la libertad de movimiento es bandera, las fronteras cada vez son más difusas entre los países, esa globalización tan soñada por muchos, por quienes menos tienen en su tierra de origen, al final solo es utilizada por quienes más dinero poseen, por las grandes multinacionales y por quienes tuvieron la dicha de nacer en los llamados países desarrollados. 
Los otros, los que toda la vida han sido unos sin voces y seguirán siéndolo, tienen que conformarse con quedarse en su lugar de origen o arriesgar su vida en un viaje por tierra o mar para llegar a lugares donde tener mayores posibilidades, aunque en algunos de ellos, lo primero que se encuentren sea un gran muro, o leyes anti-inmigración que reducen la movilidad natural del ser humano

El más sonado ejemplo es el muro que separa México de Estados Unidos, un país sumido en la pobreza, donde gobiernan quienes más tienen y más quieren, donde la violencia se salda cada día con decenas de personas, quien quiere escapar de todo eso o simplemente mejorar su nivel de vida, llegar al “sueño americano” no lo tiene tan fácil como los cubanos, que por la llamada política de pies secos, pies mojados, si tocamos territorio americano ya estamos dentro con muchos derechos. No obstante, quienes se quedan en Cuba no viven con un muro que limita, sino con el embargo económico que prohíbe más de un acuerdo para mejorar la alimentación o la salud de los cubanos. 

En Palestina no solo hay un muro más grande que el de Berlín, sino que Israel les tiene impuesto también un embargo económico y cada cierto tiempo, tienen que resignarse con los bombardeos indiscriminados de su vecino que merma sus únicas vías de entradas de alimentos, esos túneles por los cuales también se supone que entraban armamentos. 
Los muros siguen existiendo 25 años después, incluso en países tan lejanos o desconocidos como Australia que imponen unas duras condiciones a quienes decidan migrar a su país y no aceptan a ni una de las deplorables embarcaciones que salen de las islas de Oceanía. Donde quiera hay muros, la percepción depende de dónde vengas. Nunca serán iguales para un europeo que para un latinoamericano o para un africano. Aquello de que el dinero no compra la felicidad puede ser cierto, pero cierto es que sí derriba muros.

Más sombras que luces

La política española lleva meses que no sale de una para entrar en otra. A un caso de corrupción le sucede otro con la misma facilidad que cambiamos de canal en la tele, y como no estemos atentos a la actualidad se nos quedan otros en el tintero. Aquel que dijo que Juego de Tronos es una serie estupenda para entender el mundo de la política, es porque no ha vivido en España, donde quien menos te lo esperas está involucrado e incluso no en una trama, sino en dos o más. Los pulpos no tienen límites. 
La manga ancha ya no solo queda impune con los bancos que no fueron capaces de responder a la crisis y ahí siguen muertos de la risa repartiendo tarjetas black a consejeros y políticos de partidos políticos sin distinción de color, ni ideología; mientras el dinero de familias y ahorradores continúan congelados, casi igual que las cuentas opacas en Suiza, ambos con posibilidad cero de regresar a sus dueños reales. Los partidos políticos protagonizan cada semana un caso nuevo de corrupción para hastío y repugnancia de la ciudadanía que ya no se traga el cuento de regeneración democrática repetido hasta el cansancio por el gobierno en el poder, del Partido Popular, y apoyado en contadas ocasiones por la oposición
Nadie se libra de llevarse algo al bolsillo en España, si nos ponemos cínicos como la mayoría que no se da cuenta que están en su puesto por votación de los ciudadanos, aunque con un familiar adentro van todos atrás, más de uno hubiera hecho lo mismo. Si tienes cerca dinero para utilizar a tu antojo, dietas desmedidas, tarjetas de crédito con un fondo interminable ¿a que más de uno hubiera hecho lo mismo? Pero claro, al ciudadano medio no hay porque exigirle la integridad de quienes se presuponen personas dignas para defender nuestros derechos y el dinero de todos. A quienes caminamos sin tarjeta black nos cogen robando lo más mínimo y los años de cárcel no nos lo quitan nadie. Será que no tenemos tantos amigos por allá arriba o mejor dicho tantos que han hecho algo parecido por allá arriba. 
En tanto los juicios a ciudadanos comunes van rápidos, los que involucran a políticos y tramas corruptas se demoran años y años y años y modelos de la jueza Alaya para aquí y otro para allá y por supuesto los responsables de los ERE en Andalucía, un considerable número del PSOE andaluz y hasta sindicalistas, espera tranquilamente desde su casa, porque se demoran el tiempo justo para que el delito prescriba. Qué si señor mío, robar dinero de las administraciones públicas prescribe y verlo de nuevo es de películas de ciencia ficción.
Las cifras de la corrupción. FOTO: Spanish Revolution
Mientras tanto de un bando y del otro, PP y PSOE, los dos bastiones de la democracia española, exigen más contundencia en los casos de corrupción, menos impunidad. Aunque eso sí, si a algún juez se le ocurre dar prisas como Elpidio Silva contra un “banquero honesto” como Miguel Blesa, de esos que ya están involucrados en más de una trama corrupta, siempre vendrá otro juez que le corte las alas, lo saque del juego y “afuera que España tiene sus ritmos”, va a venir usted a cambiarlos así como así.
Quizás por esa razón los nervios con Podemos, un partido que como explicó en una ocasión Pepa Bueno es fruto de aquellas asambleas en plazas públicas más conocidas como 15-M y que los medios no supieron ver, están ahora poniendo patas arriba al bipartidismo en España y dejando en mínimo a formaciones pequeñas como Unión Progreso y Democracia (UPyD) o Izquierda Unida (IU) que no han sabido desdoblar sus discursos de lo establecido y enfrentarse cara a cara, con propuesta reivindicadoras a un sistema político que da sus últimos coletazos como pez fuera del agua, al descubrirse en el charco hediondo desde donde predicaban
Los medios hablan de ira ciudadana, pero si en verdad hubiera tal ira en la ciudadanía los escraches se estuvieran repitiendo en la sede de los partidos políticos y no es así. Los ciudadanos y ciudadanas están cansados de que se diga tanto y se haga tan poco para su bienestar, cuando quienes hacen política engrosan sus cuentas, y después tienen la cara de decir que no lo hacen por dinero. ¿En serio?
Quienes vivimos en España estamos cansados de que lo rojo y lo azul sea lo mismo, incluso de que se pasen más tiempo en esas divisiones mentales y de colores mientras hay gente que aun siente la crisis día a día. Si hay algo que me creo de las encuestas a un año de las elecciones es el absentismo de los votantes, la gente ya no cree ni en el voto cada cuatro años, símbolo indiscutible de democracia. ¿Para qué si al final harán lo que les plazca? O mejor dicho, si es cada cuatro años y llevamos tantos entre la paloma y la flor ¿por qué no probar con Podemos? Más de lo que hemos perdido, no creo que sea posible.
NOTA: Los enlaces de este post están dirigidos a eldiario.es porque no apoya el Canon AEDE, aunque haya informaciones que en su génesis estén en medios que sí lo hacen. 

Mi niña

Recién terminado un reportaje sobre los animales de compañía en la sociedad actual, oigo desde mi cuarto de estudio a una señora decir lo siguiente: 
-El otro día me preguntó un hombre cuántos hijos tenía. Dos, le dije, uno de 20 años y la otra de 5. Ay, si tiene una niñita, felicidades. Sí, una niñita de cinco kilos, esta niñita que ves aquí -lo dice en alusión a la perra que revoloteaba alrededor de ella y sus oyentes-, pero por qué le dice niña, si es una perra, agrega la señora. Ja, como si no fuera mi niñita lo más bonito del mundo, es mi niña, no mi perra, por eso le compro vestidos, gomillas y cualquier cosa que quiera y la haga feliz. ¿A qué es guapa?
Todo esto me vino a confirmar que lo descrito por mí y mis compañeras sobre los animales de compañía en la actualidad, no es una cuestión aislada, sino que hay mucha gente que quiere a sus perros como a hijos, amigos e incluso a la pareja. No es un problema, sólo un nuevo fenómeno digno de estudio, como mi capacidad de oír todo lo que pasa alredor de mi ventana, aunque ya tengo asumido que soy un chismoso. La de cosas que uno oye, nos vemos. 

FE en #Cuba

“Claro, como ahora tenemos FE”, me decía mi mamá desde Cuba en esas habituales e imprescindibles charlas, de poco más de diez minutos, que mantenemos cada domingo. Lo de la FE en mi isla no siempre se refiere a las creencias religiosas, bien sea católica o en la santería, si no a los que tienen algún familiar en el extranjero. FE en toda regla. 

Tener familia afuera, en la “yuma” como resumen allá a Estados Unidos, es una de las tantas balsas que tienen los cubanos. Quienes no han tenido la oportunidad de salir al extranjero, no han cruzado el Estrecho de la Florida a Miami en cualquier embarcación rústica inimaginable o cualquier otro cauce para irse, siempre les quedará el primo, la tía o el hermano que vive del otro lado. 

El de afuera es ese personaje salido de un cuento de hadas, que se presenta con paquetes, unos cuantos dólares o euros, depende de dónde venga, e historias del capitalismo, que en Cuba sólo se ve en las películas, pero que ellos si no las han vivido, se las inventan. Quienes tienen a esos pequeños duendes, ya no son igual que el resto de los mortales cubanos.

“Vamos, que to’o el mundo sabe que vives como un Rey”, “desde que Yulianis se casó con el gallego ese, está más creída, con lo comep… (palabrota cubana incluida) que era, si estábamos juntos en la misma escuela” o “te tomaste la Coca Cola del olvido, mi amor”, aunque este último comentario es más propio para quienes cruzaron el charco y van de visita a la isla. 

La FE les da más rango a algunos y las conversaciones ya toman matices distintos, ya no “eres la pordiosera esa”. Con la FE pasas a formar parte del grupo de privilegiados cubanos que viven de ese familiar en el extranjero. ¡Lo que no darían muchos por tener uno o mejor aún por irse ellos para ayudar a los suyos! 

Yo ahora, bueno, hace unos cuatro años, ya soy de los otros, los que se han ido y viven la película que muchos sueñan. Si todo el mundo supiera cuanto nos acordamos de los que dejamos atrás, ya no seríamos esos príncipes azules o princesas, qué hay muchas, que se pasan los días del lado de acá pensando cómo estarán los suyos y… “si mi mamá estuviera aquí como disfrutaría esta pizza” suspirando en cada bocado

La mayoría se pasa el año entero, o muchos más, trabajando como verdaderas Cenicient@s para llevarle a su familia algo cuando logren ir a Cuba o enviarle cada mes un dinerito o simplemente recargarles el móvil. Sé de muchos que son capaces de quedarse aquí un tiempo sin computadora, con tal de mandar la portátil a su hermano en la isla. 

No son distintos, son cubanos aunque ya no tengan que romperse el coco a la hora de comer. Aquellos días de la nevera vacía, -“niño sale delante del frío, que eso no pare”-, han quedado detrás para ellos, pero no siempre se puede evitar que quienes están del otro lado sigan en la lucha diaria de vivir en Cuba. Cuando se puede, ahorran como la Cucarachita Martina cada moneda para lograr llevar la fe a quienes viven allá. 

Y aunque en lo más profundo deseen volver algún día, después de tanto ver, desean más tener a los suyos de este lado, aunque eso signifique acabar con esa larga tradición de FE.

P.D. Pongo la música siempre certera de Buena Fe sobre parte de esta historia 😉

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