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El ‘Impulse’ que no necesita YouTube Premium

YouTube ofrece desde el pasado junio en España su versión de pago con un escueto catálogo de producciones originales entre ellas la serie de ciencia ficción Impulse. Este intento de drama adolescente, con súper poderes de por medio, deja al mismo nivel un intento de violación a una menor con el descubrimiento de su capacidad de teletransportarse. Solo 10 capítulos de unos 50 minutos que se hacen eternos y cae en los clichés de una joven rebelde, incomprendida, que se cree el ombligo del mundo y no entiende a los demás, ni por qué no la entienden a ella. Un impulso que no incita a pagar por la versión sin publicidad del sitio por excelencia para consumir vídeos. Sobre todo, es un impulso tardío en un mercado casi saturado con ofertas mucho más completas como Netflix, HBO, Amazon Prime Video o Movistar+.

Al momento de escribir esta crítica solo he visto 5 de los 10 capítulos de la serie y me ha acostado ayuda y muchas otras series completas vistas para llegar a la quinta entrega. Cuando comencé la prueba de tres meses de YouTube Premium, servicio por el cual no pienso pagar los 11.99 € al mes o los 17,99 € por la suscripción familiar —casi 20 euros, cuando Netflix vale menos e incluye más contenido—, Impulse llamó mi atención por el póster. Y también porque uno de sus impulsores es el creador de películas que me encanta como ‘El caso Bourne’, ‘Sr. y Sra. Smith’ o ‘Jumper’, aunque esta última casi ni me acordaba de ella.

De hecho, la historia de Henry es una especie de spin-off de ‘Jumper’, uno descafeinado y con falta de acción. A sus 16 años Henrietta lidia con una extraña enfermedad, que resulta ser el poder de teletransportarse, y con una nueva vida gracias al novio de su mamá quien vive en Reston, un pueblo a las afueras de Nueva York. Ser la nueva en el colegio la lleva a caer en los brazos de un joven, Clay, capitán del equipo de fútbol, cuya vida cambia al intentar violar a la chica. Desde ese momento la serie da un giro, aunque al menos para mi no ha sido bien tratado, porque no trata al mismo nivel los traumas del intento de violación con el descubrir que se puede teletransportar cuando está en situación de pánico o miedo. Incluso, aunque se vea como un detonante, el intento de violación queda reducido a la mínima expresión y a veces se pierde en el relato.

Al menos para mí ni ‘Impulse’, ni ‘Dallas&Robot’ que aún no termino de ver, ni ‘Cobra Kai’ que no sé si llegaré a ella, son un motivo para contratar YouTube Premium aunque se puedan quitar los anuncios, descargar vídeos, reproducir en segundo plano y tener incluso acceso al Spotify de Google: YouTube Music, que si solo lo quieres cuesta lo mismo que la app verde: 9.99 € al mes. En cuanto a las películas, lo que más suele fallar en otras plataformas de streeming, aquí brillan directamente por su ausencia, aunque Google tiene disponible miles en su servicio Play. Al parecer no están dispuesto a incluir ninguna cuando valen para alquilar entre 2,99 € y 5  € cada una y si la quieres comprar los precios se elevan más. Como dije en Twitter:  Google vuelve a llegar tarde como lo hizo antes a las redes sociales con su fallido Google+.

Otras críticas sobre Impulse

Pese a que a mí no me ha gustado esta serie, les dejo algunas críticas que le ven potencial a los episodios de Henry:

“It’s weakly plotted, but appropriate for a show that wants to make you think it’s a YA action-franchise starter, when it’s really an interesting and somber character study with a heroine who, very rarely, teleports”.

Daniel Fienberg, The Hollywood Report

(Impulse) “está débilmente planeado, pero es apropiado para un programa que quiere hacerte pensar que es un titular de franquicia de acción de YA, cuando en realidad es un estudio de personajes interesante y sombrío con una heroína que, muy raramente, se teletransporta”.

Daniel Fienberg, The Hollywood Report

“It’s a show that has moves to play and story to tell. It could have failed dramatically thanks to a complete lack of humor (the show exists in a very DCEU style in terms of tone), but this is one of the truly rare instances where excitable gags would have taken away from what can be. Impulse is a series worth watching that has a potentially bright future ahead of it”.

Merrill Barr, Forbes

Es un espectáculo que tiene movimientos para jugar y una historia para contar. Podría haber fallado dramáticamente gracias a una completa falta de humor (el show existe en un estilo muy DCEU -universo extendido de DC- en términos de tono), pero este es uno de los casos verdaderamente raros donde los chistes excitables hubieran quitado lo que puede ser. Impulse es una serie digna de ser vista que tiene un futuro potencialmente brillante por delante.

Merrill Barr, Forbes

Eurovisión, Israel y Palestina: ¿Toy?

El sábado disfrutaba, porque bailar no puedo, con la canción ganadora de Eurovisión 2018. El sábado me alegraba por Netta y su inclusiva Toy, un alegato para acabar con el bullying. El sábado tampoco podía cacarrear, pero repito me alegraba por ella, que con su gracia y arte, alzaba el galardón. Este lunes seguía alegre por Netta, pero no podía dejar de ver con tristeza la nueva escalada de tensión en Israel contra los palestinos: más de 55 muertos y la cifra continúa ascendiendo por los heridos graves.

Este lunes sigo repitiendo en mi cerebro el estribillo: “I’m not your Toy”. Mientras veo las imágenes del desastre que ha causado el Ejército de Israel en la Franja de Gaza. La provocación venía desde el otro lado del Atlántico, el detonante Donald Trump, ese señor que con un tuit hace y deshace a su antojo, al mejor estilo troll, pero que hasta Jerusalén no fue. Él mejor desde casa, desde la Casa Blanca. Allí estuvo la Primera Hija del Señor Presidente de los Estados Unidos, quien con el simple reconocimiento de la Tierra Sagrada como capital de Israel y la apertura de embajada estadounidense en este territorio, donde confluyen y fluyen tantas religiones, ha provocado la ira de cientos de palestinos.

Netta no tiene culpa de haber nacido en Israel. Ella no es un juguete y nosotros tampoco. Los ciudadanos israelíes no son Benjamín Netanyahu. El arte se involucra en política sólo si el artista quiere. El mensaje de ella era claro: inclusión, aceptación, aunque su país predique todo lo contrario.

Netta me sigue alegrando el día y yo no me siento culpable por oírla a ella o a cualquier otro artista que venga de un país con prácticas poco democrática y cuestionables. Israel no ha llevado a buen término su situación en el Medio Oriente, los extremistas israelíes no se han hecho hueco en la zona y han marginado al pueblo palestino.

Israel no es Netta, aunque ella haya representado a Israel. Estados Unidos no es Trump, aunque sus políticas y pasos dados en la región sean cuestionables. La ‘trumpada’ de salir del pacto nuclear con Irán, su discurso retrógrado contra las minorías, antiinmigrante, hasta este gesto de poner la embajada de ese país en Jerusalén justo hoy cuando se cumplen 70 años del establecimiento de Israel y casi los mismos del expolio a los palestinos, no representa a los ciudadanos de Estados Unidos. Ni a muchos de los estadounidenses.

‘Día a Día’ sin y con #Cuba 🇨🇺

Si hay algo que nos une a quienes estamos lejos de Cuba, o de nuestro país de origen, es la nostalgia. Esa que se va con el tiempo, que se aprende a aceptar, que quienes somos cubanos llamamos “gorrión”, tal vez por los sollozos que nos produce pensar en nuestra tierra durante los primeros años. Hasta que convivimos con ella y solo en contadas ocasiones sale a relucir, como cuando hacemos maratón de una serie como ‘Día a Día’ o ‘One Day At A Time’, disponible en Netflix.

‘Día a Día’ tiene todos los ingredientes para conquistar a quien disfruta de la comedia inteligente, que traspasa el chiste fácil – aunque los tiene y muchos- para adentrarse en la crítica social. Este remake de Netflix, que recupera el espíritu de una sitcom de 1975, se centra en una familia cubana que vive en Estados Unidos. Ellos viven allá, pero viven con la eterna añoranza de volver a casa, aunque sea por un día, y aunque Cuba no siga siendo aquella que dejamos atrás en 2010 o cuando triunfó la Revolución de Castro, como le sucedió a una de las protagonistas: Lydia.

Aunque en la serie ninguno de los protagonistas es cubano, el espíritu, los estereotipos y la alegría de quienes nacimos en Cuba se deja sentir a cada minuto. Esa frase de “Cuba y Puerto Rico son dos alas de un mismo pajaro” tiene todo el sentido cuando la puertorriqueña Rita Moreno encarna a la matrona de la casa. A una cubana de pies a cabeza que se levanta a ritmo de salsa y vive cada paso como si nunca se hubiese ido de la isla.

La serie engancha porque va más allá de los cliché de Cuba, se adentra sin tapujos en la realidad de los inmigrantes en un país gobernado ahora por ese señor, Donald Trump, que quiere cerrar fronteras, cuando Estados Unidos siempre ha acogido a quienes se sentían rechazados en su tierra. Y les ha dado oportunidades sin mirar el pasaporte. Mi propios padres han reiniciado su vida pasados los 50 en territorio estadounidense y han podido crecer como hacen los personajes de ‘Día a Día’.

En esta serie se disfrutan los 30 minutos que duran sus capítulos porque se va de la carcajada fácil a la realidad más cruda: depresión, sexualidad, soledad, desamor. Todo cabe en esta producción de Netflix que al menos a mí como cubano me ha dejado con muy buen sabor de boca y más de una lágrima.

Cuba se extraña,

Cuba se supera,

Cuba se lleva dentro

Y sigue con nosotros a cada paso.

Lo poco que sé del mundo y de mí (II ¿y final?)

La igualdad no puede ser utopía a la que acuden los movimientos sociales o de izquierdas en sus discursos, la igualdad debería ser la base de todas las políticas a nivel global: entre hombres y mujeres, entre ricos y pobres, entre negros y blancos, entre los europeos que integran esta Comunidad, que se sigue perfilando económica en detrimento de la igualdad de todos sus ciudadanos o el pueblo europeo, ¿por qué no? y entre aquellos que tocan a sus fronteras, huyendo de la guerra.

Ante la igualdad quienes nos gobiernan continúan preocupados más por cómo va la economía del país, que no las economías familiares; en vez de apoyar las oportunidades de igualdad, países como Hungría se empeñan en construir fronteras reales a quienes vienen huyendo de una guerra que lleva años para vergüenza de todos. No hay igualdad en hechos, solo se quedan en palabras como los Objetivos de Desarrollo del Milenio cuya fecha de vencimiento era este año 2015 y los países integrantes de la ONU han tenido que reescribir y aplazar sus metas, por estar perdidos en sus propios ombligos, en sus propios problemas, mientras todo un continente, África, no conoce aún del todo el significado de las palabras igualdad, derechos o crecimiento.

el #Pensador sin #cabeza #graffiti #Sevilla

Desde las Naciones Unidas, y mucho antes de su creación en los intentos regionales europeos, se ha visto la necesidad del hombre de tener un organismo internacional que vele por los intereses de todos y cada uno de los hombres, mujeres y niños del mundo. La educación, la salud, el nivel de vida y otros indicadores que han ido evolucionando desde lo netamente económico a medir algo tan relativo como la felicidad o el índice de desarrollo humano, constatan que la ONU cumple su objetivo en parte, al menos en lo que constatar los problemas y sus soluciones se refiere, recordemos que la pertenencia a este organismo no es obligatorio, ni sus resoluciones vinculantes del todo.

Un ejemplo claro es las votaciones que hace más de diez años se vienen haciendo a favor de que Estados Unidos elimine el bloqueo o embargo económico a Cuba, aun vigente aunque en los últimos años solo se opongan el propio gobierno estadounidense y otros dos naciones. Tal vez, con el nuevo escenario abierto entre ambos países el pasado 17 de diciembre de 2014 los habitantes de mi país, puedan salir adelante sin tener que cargar a sus espaldas los errores de la clase gobernante.

Como periodista no me quedo impasible ante tantas injusticias en el mundo, incluso a la utilización que hacen muchos medios de comunicación de la tragedia ajena como el caso de los refugiados sirios en las fronteras europeas, donde han pasado de constatar una cruda realidad a convertirse en un reality show que todos los días tiene una historia nueva y morbosa para vender. En particular con los refugiados sirios, no me dejo de cuestionar por qué tanto énfasis este pasado verano cuando todos los años en esta estación llegan al Mediterráneo migrantes de cualquier punto de África huyendo de guerras, hambre y el ínfimo nivel de vida de sus países. La situación en Siria es caótica, lo repito: tendrían que haber mediado hace tiempo para no llegar a este punto, pero no son solo los sirios, es todo un continente constantemente olvidado que no sabe para dónde tirar ante la indiferencia.

Todos los días me mantengo informado de cuánto sucede en el mundo, a través de la web, de la televisión, de cualquier medio para tratar de comprender algo qué sucede en el mundo. Mi lector de noticias electrónicos está lleno de artículos que a veces no me da tiempo de leer con el interés que precisan noticias como las que llegan de Siria, el nuevo acuerdo de paz entre Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a punto de ser firmado, por supuesto cómo va el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos por ser un tema que me toca de cerca y en particular porque después de dos años de intenso debate a puertas cerradas, sin que nadie se enterara, aunque el New York Times sacara sendas editoriales antes del anuncio definitivo del 17 de septiembre, me parece que estamos en la etapa de ir escena a escena como una gran obra de teatro donde ya todo está planificado, pero que tiene que jugar con las sensibilidades creadas durante más de cincuenta años de enemistad entre ambos países para tener contentos a los que están en La Habana y su contraparte de Miami, a los países bolivarianos y a los republicanos.

Nunca he ayudado con mis propias manos en un país necesitado del mundo, es una enseñanza de vida pendiente. No me considero especialista en ninguna temática en específico, aunque mis 22 años en Cuba donde llegué incluso a colaborar en un periódico de tirada nacional, Juventud Rebelde, algún merito me dan sobre la realidad de mi tierra y cómo funcionan los medios de comunicación allá, cómo obvian a una masa de la población, la más critica con el gobierno y como endulzan hasta el hartazgo la realidad aunque el día a día de quienes leen sus líneas le digan lo contrario. Soy, como cualquier otra persona, presa fácil de dejar las cosas a un lado, principalmente cuando el tema no es de mi interés, pero las relaciones internacionales, los derechos humanos y sobre todo el respeto que debe mediar entre quienes componemos un mundo tan diverso y heterogéneo, es una pasión que no conoce de hartazgo y por la cual no me canso de leer, ver, sentir.

Como dijera Sócrates: “solo sé que no sé nada”. Espero en un futuro saber más, entender más para tratar desde el periodismo hacer ver a todos cuán necesitados del otro y conectados estamos en el mundo.

NOTA: Lo presente fue escrito a inicios de octubre de 2015 como carta de presentación para el Máster Oficial en Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), que comienzo en noviembre de este año.

Lo poco que sé del mundo y de mí. (I)

La realidad del mundo contada desde los medios de comunicación se me antoja parcial y vacía, siempre le falta algún elemento, algo que trato de buscar a través de la contrastación con otros medios ajenos al discurso mediático occidental desde Estados Unidos y Europa, pero que incluso desde otros lares como Rusia, Qatar o Venezuela, sigue estando parcializado y solo es defensor a ultranza de su verdad, esa verdad que parece construida para imponerse y no para dialogar con el contrario. Los de aquí no lo cuentan todo y los de allá tampoco, se enzarzan en sus discursos antimperialistas, por la libertad de expresión o por la democracia, según de donde vengan, y se olvidan de quienes desde el primer momento deberían ser el centro de todas las políticas: los ciudadanos o el pueblo.

Hasta en algo tan sencillo como las personas, los gobernantes y los medios se empeñan en etiquetarlos según les convengan. En Cuba, una de las últimas apuestas del llamado socialismo, desde pequeño nos llamaban el pueblo a todos y cada uno de los cubanos y cubanas, convirtiéndonos en una masa amorfa de gente con supuestos derechos y oportunidades iguales, pero que en el día a día chocaba con el hecho de que, como en cualquier sociedad del mundo, había un gran número de privilegiados que no comulgaban en los mismos términos que el pueblo. Así la idea de pueblo, si grandilocuente por la génesis de aquella Revolución de 1959, se fue desdibujando con el tiempo. Hoy mi generación se divide entre quienes se han quedado allá para tratar de mejorar aquello y quienes hemos decido cambiar de aires en búsquedas de nuevos cauces para intentar mejorarlo todo.

Torres #sevillagraffiti #graffiti

Después de llevar viviendo en Sevilla unos cinco años e interiorizar el término ciudadano en contraposición al llamado pueblo, veo que en sí no deberían ser opuestos pues tanto uno como otro se refieren a nosotros, los seres humanos, seamos españoles, migrantes, refugiados o cualquier otra palabra utilizada para referirse a nosotros. Y es que si con pueblo me sentía en Cuba como una masa amorfa, ahora con ciudadanos se aboga demasiado al individualismo, al vivir nuestra propia vida, sin interesarnos por los demás, o solo lo justo para sentirnos bien con nosotros mismos al apoyar alguna campaña de solidaridad con un país africano. La propia etimología de pueblo y ciudadanos hace referencia a la habitual confrontación entre los pueblos y las ciudades con todos los adjetivos colindantes: los del pueblo son sencillos, tradicionales, apacibles, en contraste con los de la ciudad que son complejos, modernos, viven a todo ritmo. Como un patrón preestablecido, con el cual nos quieren encasillar, pero somos mucho más y necesitamos más de lo que dichas palabras encierran y de lo que los gobernantes nos prometen.

Uno de los cubanos más universales, José Martí, dijo en noviembre de 1891 en su discurso Con todos y para el bien de todos que “en la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados.” Pero claro, ¿cuál sería la verdad? ¿Hay una verdad absoluta o está condicionada por quienes la exponen? Cuatro años en la carrera de periodismo aquí en España y otros dos anteriores en Cuba, me han permitido a acceder a parte de la verdad, que sigo sin vislumbrar del todo.

Ciertamente la única verdad del mundo son los llamados derechos humanos, todos somos iguales, y todos merecemos ser tratados como iguales, o al menos eso quiero pensar hasta que me entero que Arabia Saudí, uno de los países donde aún se crucifican personas, es presidente de los cinco miembros que asesoran al Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. ¿Cómo me trago esa situación? ¿Cómo seguir creyendo en el proyecto de paz que significa la ONU si sus miembros miran a otro lado ante los desmanes de Arabia Saudí?

Es para volverse cínico ante tanta cruda realidad donde parece que quienes tienen dinero y petróleo, tienen también carta blanca para hacer lo que deseen aún en detrimento de los derechos humanos. Entonces recuerdo a Ryszard Kapuscinski y vuelvo en mí, “los cínicos no sirven para este oficio”, para el oficio de periodista, aclaro. Pero es que hay tantas paradojas en el mundo como la entrega del Premio Nobel de la Paz a Barack Obama en 2009 cuando aún hoy sigue impulsando guerras contra países como Siria o contra el mal llamado Estado Islámico. Si bien hay determinadas acciones, que coordinadas por todos los miembros de la ONU, contra fanáticos religiosos como los de ISIS son necesarios ante las evidencias de su falta de cordura e irrespeto a los derechos humanos.

CONTINÚA…

NOTA: Lo presente fue escrito a inicios de octubre de 2015 como carta de presentación para el Máster Oficial en Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA), que comienzo en noviembre de este año. 

Personas, apuntes sobre Siria y la migración

Cada verano los medios de comunicación en España recurren a un tema fetiche que repiten hasta el hartazgo, casi siempre uno nacional y otro internacional acorde con la agenda setting. Este 2015 junto al manido y “decisivo”, según algunos, Cataluña, todos pusieron su mirada también en la migración de los sirios hacia Europa, una ola de personas huyendo de su país en busca de una mejor vida o para ser claro: millones de hombres, mujeres, niños y ancianos obligados a salir de un país en guerra para sobrevivir, aun cuando se enfrentaban a las mafias de trata de personas, difíciles trayectos por tierra y mar, y por último con la intolerancia de muchos en el Viejo Mundo que prefieren mirar a un lado ante la desgracia ajena.

La maquinaria mediática este verano con la migración de Siria, esa que huye de Bashar Al-Asad, siguió minuto a minuto el periplo de los refugiados desde las costas de África hasta su llegada y trayecto por el continente europeo. Todos los ojos, todas las lentes, hacia los sirios y sirias, al parecer el único país de África que está en guerra, las únicas personas que huyen de un dictador, del hambre, de las pésimas condiciones de vida. Y sí, ciertamente, los sirios merecen una atención especial de Europa y de todo el mundo, pero tanto la atención como las medidas para evitar que las personas salgan huyendo de la guerra, llegan tarde, unos cuatro años tarde en los que los organismos internacionales solo se han llenado la boca en reclamar un acuerdo en la región, pero no han mediado, si no que han armado a facciones en contra del presidente sirio, han llevado a sus egos de superpotencias un tema ajeno sin importarle la vida de los sirios, en un cruento enfrentamiento donde Estados Unidos quiere una cosa, Rusia y China, lo contrario, y los habitantes de Siria solamente vivir.

El verano es una época propicia para la migración, cada año los medios hablan de la llegada masiva de personas a las costas del Mediterráneo, recuerdo que el año pasado el cuenta gota era casi diario de 3 mil personas, y sin embargo el despliegue informativo entonces no llegaba a los sendos bloques informativos de 3 a 5 noticias diarias en los canales de televisión o los especiales en la prensa escrita de más de una página. Pero este 2015 Europa al parecer se ha visto desbordada, según los propios medios, por más de un millón de migrantes, de ellos más de la mitad de Siria. A los que se agregan según el diario El País: “Eritrea, con uno de los regímenes más opresores del mundo, y Afganistán, inmerso en una guerra que dura más de una década”, como “los países de origen de quienes llegan en patera por el Mediterráneo”.

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Como se puede ver no son solo los sirios quienes están huyendo de la guerra, es todo un continente que seguirá huyendo cada año de países con gobiernos fallidos, dejados a la mano de los llamados hombres de la guerra, del hambre, la miseria y sin cubrir las necesidades más básicas del ser humano como la salud, la educación y en fin, la vida digna. Este verano, y lo digo sin temor a equivocarme, los medios han puesto su lupa en Siria para acabar de una vez y por todas con la guerra en dicho país, pero sobre todo con Bashar Al-Asad, y de paso con la credibilidad internacional de Rusia y China que en su momento se opusieron a acciones armadas en dicho territorio. Ahora, ya no se está luchando solo entre los sirios pro-gubernamentales y los rebeldes, sino que el autodenominado Estado Islámico está allí en escena, con sus inhumanos métodos de entender El Corán e imponer la yihad, alimentado a su vez por enemigos de Occidente como Al-Qaeda.

La realidad de Siria no es ahora, lo mismo que en 2011 cuando empezaron esta Guerra Civil que ya ha costado la vida a miles de personas y el desplazamiento de más de siete millones. Los organismos internacionales y los medios, pueden querer buscar culpables en dicho país, y hacernos creer que con su destitución, como con el ahorcamiento de Sadam Hussein se va a resolver de una vez y por todas la situación de Siria. Ojalá fuera tan fácil, como pudo haber sido hace cuatro años. Esperemos que actúen de una vez y por todas, coordinados tanto Estados Unidos con Rusia, e incluso hasta con China, aunque parezca imposible, para mermar definitivamente el peligro real que supone el autodenominado Estado Islámico.

¿Y ahora qué?

Esta semana tengo el último gesto -espero- para obtener mi título de graduado en Periodismo, no licenciado, no han sido 5 años, fueron 4 en Sevilla que seguirán siendo muchos más o eso espero. Pero a las puertas de ser graduado, no puedo dejar de preguntarme: ¿después de esto qué?

Soy de los que prefieren dejar el tiempo correr y no aventurarse al qué pasará, por aquello de que “cada cosa en su justo momento”, o como se dice en mi tierra: ” yerba que está pa’ti no hay chivo que te la quite”. No obstante, si no aspiramos, soñamos y nos ilusionamos con el futuro poco va a llegarnos y mucho menos, cuando la opción más fácil es tirarse en el sofá entregado a una serie o vivir nuestra vida a través de Facebook, a través de los demás.

En este blog llevo meses sin publicar y debo de ser franco, porque para eso está y si no es aquí ¿Dónde? No tengo la verdad de nada, nunca me he creído conocedor de todo y siempre he dejado claro que esta es mi opinión y como tal, puede ir evolucionando día tras día, año tras años. Solo hay que mirar mis primeras publicaciones, allá en Cuba y se verá que poco tienen que ver con manera de ver el mundo hoy. La vida nos va dando visión, muchas visiones y quien permanezca en su cuadrado para siempre, no sabe cuánto se pierde del otro lado.

No he escrito por miedo, por temor a ofender, a limitar a quienes más quiero y que aún siguen “resolviendo cada día”. No soy abanderado de nada, ni de nadie, simplemente me gusta argumentar lo que digo, analizar sucesos desde mis limitadas herramientas y llegar a alguna conclusión. Criticar por criticar puede ser muy fácil, sobre todo por quienes se crean sabelotodos. De endiosados está lleno el mundo y si algo se me ha quedado de los años de estudios de Filosofía es que “sólo sé que no sé nada”.

De momento muchos de mis compañeros, y yo por supuesto, estamos con la incógnita de si ahora encontraremos trabajo. ¿Han servido para algo estos cuatro años? ¿Los habré aprovechado bien? ¿Máster, qué Máster “bueno, bonito y barato” para abrirnos paso? Y así podría seguir con un largo listado de preguntas que nos han estado invadiendo todo este último año de carrera, y miren que a veces me paso en tomarme las cosas con calma, pero las dudas están, más aún para quienes nos apasionan el periodismo, el buen periodismo, tan poco abundante.

Por ahora toca esperar de lo bueno lo mejor, aunque suene a frase manida. Si algo extraordinario nos ha dado Internet es la posibilidad de expresarnos libremente, aunque muchos se empeñen en cercenar la libertad en la red, más aún cuando va en contra de sus intereses.

Por mi parte, espero seguir estudiando, ojalá aparezca algo por el camino y me de la posibilidad de trabajar en y desde mi vocación por el periodismo. Ojalá muchas otras cosas. ¿Cuáles? Ya veremos, nos vemos desde aquí entre opiniones, incertidumbres e imágenes, mi segundo refugio.

TFG impreso: La construcción del antihéroe. La imagen de @ahorapodemos en @el_pais y @elmundoes

Último paso para acceder al título de graduado en Periodismo