Cardiotelefonía

¿Qué hubiera hecho Cristóbal Colón en 1492 si entonces existiera teléfono?

El ingenioso periodista cubano Manuel González Bello describió en su columna de Juventud Rebelde las reacciones del Almirante ante los “buenos” servicios de la telefonía en la isla de Cuba. Los que hemos vivido en la isla damos fe de algunas de estas situaciones. En mi casa era imposible la cobertura del móvil, pero no hablemos de ahora, retornemos a aquellos días del siglo XV ¿con teléfono?

Cristóbal Colón las pasó negras para viajar a América. Pero peor suerte tuvo para informarle a la reina Isabel que había descubierto a Cuba. Desde entonces comenzó a padecer de cardiotelefonía, enfermedad del corazón provocada por el teléfono. 

El Gran Almirante quiso alegrar a la reina con la noticia de la existencia de la “tierra más fermosa”, y para ello debía madrugar. Ante la carencia de reloj despertador (en el siglo XV sólo se adquirían en divisas), decidió llamar al servicio matutino. 

Casi lo sorprende la salida del sol llamando al 11-2570, pero sonaba interminablemente el timbre o salía una voz dulce que le advertía: “Deje la bobería, que ese número no está asignado a ningún abonado.” “¡Pardiez! ¿Y por qué aparece en la guía?,” protestaba Rodrigo de Triana, quien lo ayudó en el empeño. Rodrigo fue quien gritó ¡Tierra!, y se convirtió así en antecesor de los pregoneros del barrio que gritan: ¡Llegaron los huevos! 

Ante la dificultad incomunicativa, el Almirante decidió llamar a un tripulante con despertador, pero que había viajado a una localidad próxima al punto del descubrimiento. Y descubrió entonces Colón cuánta sabiduría había en la telefonía de Juana. Ahora la misma voz dulce le respondía: “El socio a que tú llamas no se encuentra disponible”. ¿Y cómo lo sabe vuestra excelencia?, se preguntaba Don Cristóbal.

Rodrigo, que siempre estaba en la viva (como se sabe, Colón era un poco entretenido), sugirió llamar al 311, un número supuestamente habilitado para informar a telefousuarios, y así conocer si existía otro teléfono de servicio matutino.

El genovés, de tanto escuchar el timbre sin que nadie respondiera, se quedó dormido, y no hubiera despertado jamás de no haber sido por una taína que a esa hora de la madrugada gritó a todo pulmón a su vecina: “Yeya, préstame la coa, que quiero sembrar mañana temprano una mata de sábila” (como se sábile, la sábila cura todas las enfermedades).

Cansado de marcar el 311, Colón tuvo la genial idea de probar suerte con otro socio (gallego por más señas y a quien, por cierto, le debía un par de alpargatas). Para su agonía, sólo escuchó: “Usted ha comunicado con la casa de Melquíades. Espere la señal y deje su mensaje”.

El Cristo sufrió la moda del contestador y lo comentó con el Rodri, quien se quejó: “Pero ese gilipollas debe andar con un celular, ¿o acaso no ha conseguío pincha en una corporación?”.  

Colón, que como se sabe era persistente, llamó a otro navegante para que lo despertara al amanecer. La luna fue testigo de que en ese intento le respondieron de cinco paladares, dos funerarias, una reparadora de orejas plásticas y una tintorería en seco. 

Y así le amaneció, pero llamar a la reina era por larga distancia, y esa es una larga historia.

Almirado, el Almirante decidió enviar una queja a Asombrarse Si Comunica Es Toda Esperanza, empresa encargada de la telefonía, y más conocida por ASCETE (en aquella época también se usaban las siglas).  

Colón recibió una respuesta: Señor Usuario, usted conoce los esfuerzos, tao tao tao; las líneas telefónicas son del siglo XII y ta ta ta. Cristóbal entendió, pero ya padecía de cardiotelefonía.

(publicado el 24 de julio de 1999 en Juventud Rebelde
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Acerca de Alberto Arego Pulido

Periodista cubano-español, residente en Madrid, España. Estudiante de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS. Becario en la sección de redes de El País. El contenido de mi blog está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional. Citar como Alberto Yoan Arego Pulido www.albertoarego.com.
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