Turistas en Japón

Volvemos al Japón con las crónicas de Sara Contreras sobre su viaje en julio de 2010:
El viajero que se acostumbra al metro de Tokio se empeña en usar el metro en Kyoto, pero pronto se descubre que un bono de autobuses es más práctico. Kyoto es la ciudad cultural, es la ciudad de los templos. Tiene un encanto particular. Se ve mucho más tradicional que la metrópoli y allí se pueden ver, en esos días de julio que preceden a las fiestas, numerosos kimonos recorriendo la ciudad. En los escaparates se ven los atuendos especiales para la fiesta, como en Sevilla se pueden observar en las tiendas los trajes de flamenca.
Kyoto transmite calma, tradición, cultura. No deja de asombrar su comodidad y la majestuosidad de sus templos. Aún así, no es una ciudad atrapada en el pasado, es moderna, pero, para el viajero curioso, es menos “moderna” que otras ciudades como Fukuoka o incluso Hiroshima.
Nara tiene el honor de ser la primera capital del antiguo Japón, resalta por su parque nacional reserva natural de ciervos y sus templos patrimonio de la Humanidad. Especialmente, destaca el templo de Todaiji, donde se encuentra el Buda más grande del mundo. Es un lugar impresionante, con un museo de arte escultórico japonés muy interesante y con cientos de ciervos rodeando a los visitantes…tratando de robarles las galletas que venden para alimentarles y todo lo que encuentren en la mochila.
Pero sin duda, de todos los lugares que hay que visitar en Japón, el más tradicional, en el que el viajero se siente transportado a otra época, es la isla de Miyayima. Tras un agradable paseo en ferry, en ella se encuentra una de las estampas más tradicionales del Japón: la gran puerta tori, de color rojo, que aparece rodeada de agua cuando sube la marea. Junto a ella existe una especie de embarcadero, y la isla presenta varios templos que adornan la isla que aparece habitada por miles de turistas – especialmente japoneses- y por, nuevamente, varios centenares de ciervos que, encantadores, no temen a los humanos.
Quizás esto deba ser una mera descripción de un país o de un viaje, pero quisiera compartir uno de los momentos más divertidos que – frente a los agobios de tiempo, de calor y de barrera lingüística que se puede encontrar en este maravilloso país- suponen la destrucción de un elemento “romántico” que todo viajero suele atribuir a determinadas cosas que escucha de países lejanos, extranjeros y extraños…¡ooooh, los ciervos campando por la isla, entre los humanos! Uno casi puede imaginar a una Diana japonesa bailando entre los cervatillos, todos primos de Bambi, encantadores, simpáticos…hasta uno se espera a Tambor, el famoso conejo amigo del cervatillo universal, pero…sólo imaginad este lugar paradisíaco, la isla, una plaza con varios templos, unos bancos de madera donde descansar, e incluso tomar un refrigerio apoyándose en las mesas de madera que lo acompañan, la tranquilidad del lugar…uno va al supermercado, compra algo de beber y, en un arranque travieso, compra sake (el famoso aguardiente japonés) para probar cómo sabría un sake de supermercado…tanta quietud, tanta paz…que hace que ya uno empiece a pensar que por qué están tan desaprovechados estos bancos.
Esas disquisiciones se ven interrumpidas por unas simpáticas turistas japonesas (los japoneses son los mayores turistas de su país, es decir, que lo que hacen aquí lo hacen allí…y nosotros que nos creíamos que era porque visitaban países extraños…). Ellas quieren hacerse una foto con los turistas occidentales, y aquí es cuando uno se siente un poco más mono de circo…¿tan raro es tener los ojos redondos? ¿ser blanco? ¿ser rubio?.
Tan amables son que uno no puede decir que no. Pero por detrás…cuando todo el mundo mira a la cámara japonesa (por supuesto, de última tecnología), nota un ligero roce y al volverse…¡un dichoso ciervo coge el vasito de sake y, con una pericia asombrosa, consigue beberse todo su contenido! Y en esto que a uno le entra el temor de extranjero al pensar, mientras tira del vaso para arrancárselo al ciervo, ¡dichoso ciervo! Como lo vean borracho nos la cargamos. E incluso la imaginación nos lleva a pensar o, a una confabulación de las japonesas con los ciervos – cosa improbable- o a la salida de algún templo de algún sacerdote enfadado por haber corrompido a los ciervos sagrados –cosa también improbable.
Bueno… anecdotario japonés, suplido con un agradable paseo nocturno en torno a la puerta tori, una agradable comida de arroz con salsa de ostras exquisita, unos helados de té verde riquísimos y un fantástico y relajante baño en el onsen antes de ir a dormir en el cómodo futón con vistas a la bahía…
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Acerca de Alberto Arego Pulido

Periodista cubano-español, residente en Madrid, España. Estudiante de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS. Becario en la sección de redes de El País. El contenido de mi blog está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional. Citar como Alberto Yoan Arego Pulido www.albertoarego.com.
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