Desmanes en el Huerto del Señor

Pese a ostentar la condición de Patrimonio Nacional, la Necrópolis de Colón sufre el vejamen de algunos seres insensibles, aunque los directivos no lo quieran reconocer

Vea los desmanes en fotos en esta  Galería

Cementerio de Colón, La Habana, Cuba
«A Danielito le acomodamos sus juguetes en la tumba para que descanse con la misma alegría que vivió», cuenta melancólica su mamá, quien prefirió mantenerse en el anonimato.

Cada fin de semana desde la muerte de este niño de 5 años, su familia visitaba el cementerio para acompañar y sentir la presencia de su bebé.

«Aquel día no sabía qué hacer, era tanta la impotencia», recuerda la mamá el instante cuando no encontró los juguetes, ni la jardinera de Danielito.


Hay seres tan insensibles…

Si en el Cementerio de Colón se cuidara y vigilara la entrada y estancia en el camposanto con el mismo rigor que la respuesta que este joven periodista nunca obtuvo, entonces episodios tan lamentables como este no ocurrirían.

Una larga lista de quejas

Sustracciones de vitrales, hierros, mármol, esculturas, jardineras y hasta extracción de restos de difuntos son las violaciones más frecuentes que históricamente se han reportado en la necrópolis más visitada de Cuba.

«Siempre tuve una imagen diferente del cementerio de Colón, hasta que el 19 de diciembre de 2008 tuve que ir allí. La primera sorpresa fue cuando al llegar a la capilla el fallecido estuvo a punto de salir del ataúd, cosa esta que se repitió al sacarlo definitivamente para colocarlo en la bóveda. Además, observé las tiñosas levantar vuelo al vernos llegar, Amén de las guasazas, el mal olor, las coronas viejas amontonadas y las fosas comunes mal cerradas».

Así refiere una de las cartas que sobre el tema llegaron a la redacción de Juventud Rebelde entre el 2007 y el 2008. Suman más de diez las recibidas en ese diario contando preocupaciones de diferentes personas sobre el cuidado de las tumbas de familiares (no puedo revelar el nombre de los remitentes pues no me proporcionaron esos datos).

Aunque el abanico de matices es muy amplio entre una misiva y otra, todas tienen en común que ponen en tela de juicio el funcionamiento del Cementerio de Colón. Solo en una de ellas se expresa agradecimientos, y no precisamente a la necrópolis sino a la Asociación de Combatientes de la República de Cuba (ACRC), que ayudó con el traslado de los restos de un mártir de los sucesos del vapor La Cubre.

Una madre, por ejemplo, refirió su dolor tras acudir a la tumba de su hija y comprobar la falta de la jardinera que la identificaba. «Busqué, pregunté y nadie supo darme respuesta, pero sí escuché comentarios de que no es la primera vez que ocurre, pues le borran los nombres y las venden nuevamente».

Cementerio de Colón, La Habana, Cuba
Otro remitente también se quejó de la desaparición de una jardinera colocada en la tumba de una bebita que solo había vivido 55 días. No es la primera vez que una vejación tan terrible como esa tiene lugar en su panteón familiar, señaló con indignación. El 22 de julio de 2002, al exhumar los restos de su suegra y otro ser querido, comprobó que las cajas habían desaparecido y los restos estaban unidos en un saco.

Y es que como expresan en uno de los escritos, «en muchas áreas de la instalación se advierte suciedad, dejadez, falta de cuidado, cuando debería ser diferente por el valor histórico-cultural que la misma tiene y la cantidad de personas que la visita».

Agrega esta carta las dificultades existentes con la entrada en motos al cementerio: no se permite llegar en ellas hasta las tumbas y para salir debe tomarse una vía en sentido contrario —le han dicho que es para evitar sustracciones—, mientras que los automóviles tienen pleno acceso.

Otra contradicción visible en las medidas tomadas por la dirección del cementerio la reflejó una persona que fue a ponerle unas flores a su papá y encontró las puertas cerradas a las 5:00 p.m. Según le dijeron los trabajadores de la institución al grupo de personas que esperaban entrar, con tal decisión esperaban detener los robos que se estaban produciendo allí.

Ese mismo remitente se preguntaba por qué ese horario, teniendo en cuenta que las instituciones estatales con horario de oficina trabajan hasta las 5:00 p.m. « ¿Tendré que salir de mi centro laboral horas antes para ponerle flores al difunto?», añadía.

Muchas de estas cartas también fueron enviadas al Gobierno Provincial de Ciudad de La Habana. Algunas incluso en más de una ocasión, como le sucedió al ciudadano que narró lo del acceso en motos: escribió a esa instancia en cinco oportunidades y no recibió repuesta alguna; tal como este periodista, que aún espera la confirmación para realizar este reportaje.

San Burócrata

El 18 de marzo fui al Cementerio de Colón para buscar respuestas de los directivos sobre estas calamidades. Carlos Bauta, subdirector de la institución, me citó para el viernes 20 a las dos de la tarde. Ese día me presenté con la idea de comenzar parte de este reportaje.

¡Qué ingenuo! La tarde en que esperaba me abrieran las puertas de dicha necrópolis, para investigar aclaro y hacer una que otra entrevista, se convirtió en el preámbulo de mil trámites sin solución.

Bauta dijo estar de acuerdo con mi reportaje, y del camposanto salí con un papelito suyo «de aprobación» para Servicios Comunales, donde me dijeron que podrían ayudarme si mostraba la autorización del Gobierno de Ciudad de La Habana.

¡60 días! Ese es el tiempo que en el Gobierno se demoran para darme la respuesta sobre la realización o no de este reportaje. Luego de entregar la solicitud en Correspondencia, se digitaliza, es clasificada para entregársela al compañero Juan Contino, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular, quien según Servicios Comunales debe darme una respuesta que aún espero.

Un procedimiento sencillo y «sin burocratismo», según las recepcionistas del gobierno. Mejor dicho, una carrera olímpica de obstáculos que con buena suerte daría como resultado un reportaje parecido a este, pero listo en el mes de junio.

Si hubiera esperado que me abrieran las puertas del cementerio, y no las hubiera violado tal como han hecho esos seres insensibles, de seguro hoy este reportaje no existiría.

Un mal común

Cementerio de Colón, La Habana, Cuba

El periódico Trabajadores publicó durante marzo y abril de 2008 una serie de reportajes con el título ¿En paz los sepulcros? Gabino Manguela Díaz fue el periodista que afrontó ese gran reto y premisa del periodismo que es darles voz a las personas para recibir respuesta contra viento, marea y burocratismo.

De las dos partes publicadas la primera no contó con ninguna voz autorizada del Cementerio de Colón. No obstante, en la segunda los directivos hablaron e incluso se indignaron con lo expuesto en el reportaje.

Si las instituciones cooperaran con los periodistas como está establecido, uno no se vería en la posición de acudir a fuentes consideradas no oficiales, pero dueñas de toda la credibilidad que les da vivir en carne propia los desmanes que ocurren en el Huerto del Señor.

«Vitrales rotos, capillas canibaleadas, tumbas y osarios con sus tapas corridas, sitios donde salta a la vista el espacio vacío que otrora ocuparon cruces, ángeles y otros objetos», fueron algunas de las violaciones observadas por Gabino y que este periodista pudo ratificar a más de un año de publicado ¿En paz los sepulcros?

Entre las cartas recibidas en Juventud Rebelde, hay quejas del estado de suciedad y abandono en que se encuentran las tumbas de personalidades como el otrora dueño de la fábrica de tabacos Gener, cuyo panteón necesita cuidado, pues es parte de nuestro patrimonio cultural.

Después de ver el programa Andar La Habana del Dr. Eusebio Leal dedicado al Cementerio de Colón, la hermana de Olga Alonso González, la instructora de arte y mártir de la Revolución, visitó el panteón donde se encuentran sus restos en este cementerio y observó que le faltaban varios pedazos de mármol, especialmente en la pared posterior y en una de las laterales.

Además, se fijó que otros panteones estaban en similares condiciones, pero «solo al oír con estupor las palabras del Dr. Leal es que comprendí que la ausencia del mármol es obra del vandalismo que impera en dicho cementerio».

En el reportaje de Trabajadores, explican que este es uno de los problemas mayores que puede encontrar una familia en el cementerio, la escasa —o nula— posibilidad de reparar su bóveda u osario.

«Desde abril de 1995 —en pleno período especial— la necrópolis ofrecía facilidades para adquirir materiales que les permitieran reparar o dar mantenimiento con mano de obra propia, pero hoy, sencillamente, no existe fórmula para acometer esa tarea, a no ser que usted cuadre con algún sepulturero, quien puede pedir varios cientos de pesos —miles en ocasiones— por repararle un lugar, cuya calidad final tampoco tiene la mejor garantía».

No obstante, reconoce Gabino en su reportaje, sin tener en consideración quién es el propietario, en el cementerio se han encargado del arreglo de más de 5 mil bóvedas, panteones, capillas, etcétera, en los últimos cinco años.

En cuanto al mal estado de muchas jardineras, los directivos le explicaron que estas se destruyen al estar expuestas tanto tiempo a la intemperie y no pocas personas reclaman por lo que creen que debe estar en perfecto estado. «Así y todo, en el 2007 arreglaron gratuitamente 34 jardineras».

«Asimismo catalogan como muy grande el déficit de tapas de bóvedas y osarios, y reseñan el programa anual para sustituir, gratuitamente, 300 de esas unidades —el 3% de lo que se necesita—. A pesar de eso hay personas que van directamente a la fábrica de granito e ilegalmente contactan allí para efectuar el cambio».

Y la ley cementerial ¿qué?

Esta necrópolis es visitada cada mes por casi 25 mil turistas, tanto por su trascendencia como por la historia que atesora y los restos de las personalidades que allí reposan, así como el hecho de ser Monumento Nacional. Estos valores justifican una máxima atención del lugar, y que hoy se evidencian con la restauración asumida por la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Según el periodista de Trabajadores, se ejecuta una importante labor de reparación en sitios funerarios de renombre y del inventario de más de 300 monumentos declarados con valor patrimonial en las llamadas zonas de primera.

No obstante, los daños en el camposanto son tantos que como me dijera un trabajador con diez años en comunales, «aquí la cosa va a ser para rato, hay una cantidad de tumbas rotas que van a pasar años para que se vea el cambio, hasta la tumba de Yarini está que se cae en pedazos».

Cementerio de Colón, La Habana, Cuba
«Cada año al Cementerio de Colón llegan 17 mil cadáveres y hay guardados más de 100 mil en osarios, todos con sus nombres. Si se pierde alguna cajita, es algo lamentable; en el 2007 hubo dos o tres pérdidas de restos por errores humanos.»

Entre los directivos que citó Trabajadores, Mercedes Costa, directora provincial de Servicios Necrológicos, expresó que muchos de los problemas están determinados por causas económicas y argumentó que el presupuesto estimado para la reparación y conservación del lugar es de 10 millones de dólares, y en el 2007 tan solo recibieron 20 mil.

Lorenzo Cruz, vicedirector de Servicios Necrológicos en la capital cubana, destacó que las leyes establecen que cada cual tiene que cuidar su propiedad y «por ende, estamos obligados a cuidar lo que no es de nosotros», e incluso, agregó el vicedirector Bauta, «si el techo se está cayendo no podemos entrar a la capilla ni multar a quienes no cuiden sus propiedades».

Con una ley cementerial, señaló Cruz, se podrían reglamentar obligaciones, deberes y derechos para las personas e instituciones. En España desde finales del siglo XVIII son regulados los requisitos de creación, ubicación y diseño interno del cementerio.

En la legislación funeraria y cementerial española primaba el carácter confesional católico hasta los años sesenta de la pasada centuria, fecha en la cual se empieza a respetar las nuevas religiones y rituales. Pese a ser una de las más adelantadas y antiguas en el orbe, en la actualidad se discute la eliminación del monopolio municipal de los servicios funerarios, lo cual ha convertido la muerte en otro negocio privado de la sociedad española.

En el Código Penal Cubano vigente desde abril de 1988, no está recogida una ley cementerial, pero sí se reconoce las exhumaciones ilegales entre los delitos contra la salud pública. En la sección segunda se plantea en el artículo 188 que «El que, sin cumplir las formalidades legales, realice o haga realizar una exhumación o traslado de un cadáver o de restos humanos, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas».

La profanación, entendida como el corrimiento de tapas, el saqueo, el robo de huesos, vitrales, esculturas, y cualquier acción contra panteones y demás construcciones del camposanto no está recogida en la Ley 62.

Sin embargo, cualquier daño al cementerio se castiga como delitos al Patrimonio Cultural. En el artículo 243 de esta ley se sanciona de dos a cinco años de privación de libertad o multa de trescientas a mil cuotas a quien destruya, deteriore o inutilice un bien declarado parte del Patrimonio Cultural, condición que ostenta este cementerio desde 1987.

«En estos momentos no ocurren profanaciones en el cementerio», fue la respuesta que luego de la publicación de ¿En paz los sepulcros?, los directivos de Servicios Necrológicos en Ciudad de La Habana y de la Necrópolis de Colón dieron al periodista de Trabajadores y de seguro recibiría este joven aprendiz si hubiera esperado 60 días.
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Acerca de Alberto Arego Pulido

Periodista cubano-español, residente en Madrid, España. Estudiante de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS. El contenido de mi blog está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional. Citar como Alberto Yoan Arego Pulido www.albertoarego.com.
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5 respuestas a Desmanes en el Huerto del Señor

  1. Jose dijo:

    Estas lamentables incidencias en el Cementerio es algo de hace muchos años, tal vez de finales de los 70, principios de los 80. Por qué lo sé, es que siendo yo un niño desafortunadamente perdí a mi papá, lo enterramos en un panteón familiar cerrado, una de esos tipo cada cerrada que hay cuando entras al cementerio, llegas a la capilla y doblas a la derecha (desde la entrada principal), pues recuerdo que una tía de mi padre, tía abuela mía nos regaló un bello jarrón de cristal bacará (verde) para las flores, así como, habían otras pequeñas estatuas religiosas. La memoria no me da para precisar una fecha, pero recuerdo que poco tiempo después, unos años, violentaron la puerta de entrada y se robaron todo. Nunca me he olvidado de ese episodio por ser tan irrespetuoso e incomprensible. Después he ido conociendo diferentes historias que me impresionan pues hay que tener tan pocos valores humanos para esas acciones, que no imagino a las personas.
    Hay mucho de lo que escribir, algunos temas sensibles en los que ahora no es conveniente hacerlo, otros en que sí “vale la pena”, en definitiva el periodismo es el motor impulsor de la solución de muchas situaciones, siempre que no sea sensacionalista ni especulativo, simplemente siendo realista y respetuoso.
    Disfruto los retos que la juventud desafía en estos “nuevos” tiempos, diferentes a los de mi juventud.

  2. Anonima dijo:

    Recientemente estuve en el Cementerio de Colón, donde me dieron los datos de el lugar en que se encontraban los restos de un familiar muy cercano. Fue tal mi horror al ver que los restos no están en su debido lugar de descanso. Dentro del mausoleo donde debe estar descansando nuestro familiar no se encuentra. Solo hay restos de otras personas fallecidas desde el 1970 la más antigua y las demás de los años 1980 en adelante. El familiar nuestro murió poco antes de 1960. Y al parecer han hecho una trampa de las que abundan en la isla y han vendido o dado el mausoleo a quienes ellos han querido. Parece mentira que hasta con los restos de nuestros seres queridos se quieran quedar. Señores, qué horror, por qué no ponen fin a episodios como este. Yo llegué con la ilusión de dar mis respetos al fallecido, ¿será posible que no importe el dolor ajeno?. En el cementerio vi tumbas completamente derrumbadas, todo en el suelo, otras abiertas, donde hubieron cadenas ahora casi todas se las han robado. Todavia tengo la esperanza de volver y entrevistarme con los encargados y que busquen los restos. Si es nesesario se mandarán a exhumar para comprobar que sean los de nuestro familiar. Hasta donde nos hacen llegar estas personas, son personas, verdad? Y por cierto la capilla nueva que bonita está quedando, para eso si hay dinero, pero no para hacer respetar y proteger los restos de nuestros seres queridos. Si me podrían orientar sobre cómo se debe proseguir, si es nesesario hacer la exhumación. Muchas gracias

  3. literaturagotica dijo:

    AHORA ME TOCA A MI, TAMBIEN DE COLOMBIA DE MEDELLIN, TU BLOG ES BUENO TAL COMO LO DIJO GERARDO MI HERMANO SALUDOS…

  4. Hola Yoan, seria muy interesante saber si has dado continuidad a este tema, pues queda flotando en el cyber espacio y creo que las cosas pueden -al menos deben- haber cambiado, ¿qué tal si nos refrescas el tema?
    Por cierto, excelente tu espacio
    Rosa

  5. Saludos Rosa, de momento es imposible continuar con este trabajo, aunque lo hago, pero con otros cementerios, por ejemplo el de Sevilla (http://www.albertoyoan.com/2011/11/sevilla-descansen-en-paz.html)… supongo que el de La Habana esté mejor, pero ya sabes como somos a veces, mucho hacer y poco cuidar… un abrazo desde el Viejo Mundo y gracias por la visita

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